Ser solidario es un peligro
Los pasos de los líderes sociales en
Colombia, El Bagre, Antioquia.
Noviembre
20 y 21 de 2018
En el país del Sagrado Corazón de Jesús, Colombia, fueron
asesinados 226 líderes sociales en 2018, ellos fueron los denunciados hay, por
lo menos, un registro similar de aquellas muertes que no son informadas, pues sus
familiares prefieren no denunciar
el crimen del que fue víctima su ser querido por los temores de siempre: a la
estigmatización, a correr con la misma suerte , a ser desplazados o despojados,
a ser amenazados y amedrentados, maltratados, violados, en fin…un largo
etcétera que da escalofrío.
En nuestro bello, exótico y pluricultural país
se convierte en una actividad de alto riesgo el trabajo por el bien común y la
lucha por mejorar las condiciones de vida de la comunidad a la que se pertenece. El querer superar la pobreza o la inequidad granjea enemigos, enemigos
poderosos, enemigos armados hasta los dientes y que se movilizan en camionetas
de alta gama, que matan, masacran, violan, descuartizan, desaparecen. Todos los ven, los conocen, les temen, pero nunca son detenidos y, menos aún, judicializados.
Pero no me lo van a creer, pese a todo este
historial, a ese peligro que constituye entregar la vida para que otros la
tengan mejor, el liderazgo social en Colombia se sigue ejerciendo , y viene lo más
espantoso, en un alto porcentaje los líderes sociales son hombres y mujeres
jóvenes, de 18, 20 o 30 años que quieren legar a las nuevas generaciones un
país donde TODOS tengan oportunidades, ese es sólo el pedido, oportunidades
para todos, representadas en educación y empleo, nadie en Colombia quiere nada
regalado, lo que queremos los
colombianos es empleo para tener una vida digna, y eso, por acá como que es un
delito.
El Instituto Popular de Capacitación- IPC, nos
pidió realizar un documental que recogiera su trabajo en torno al desarrollo de
la Escuela Itinerante sobre sujetos de reparación colectiva , una estrategia
desarrollada por esta entidad y que tiene por objetivo empoderar a los líderes
sociales en la exigibilidad de sus Derechos ante el Estado.
Viajamos entonces hasta El Bagre, en el
nordeste antioqueño, tierra caliente en todos los sentidos, en donde la
violencia se ha recrudecido en los últimos meses. Allí el Oro, el metal, es visto por sus
habitantes más como una maldición. El oro, que se ha extraído desde antes de la conquista española, no ha servido
para nada: No hay agua potable, la mayoría de sus calles son polvorientas, las
escuelas e instituciones de secundaria están en pésimo estado, no hay un buen
sistema de atención en salud, la pobreza cunde y la muerte violenta es la
protagonista de sus días y noches. El oro ha calentado las ambiciones de grupos ilegales.
La situación del Bagre es la misma de Nechí,
Cáceres, Zaragoza, Remedios, Segovia…todos municipios de esa subregión del más
importante departamento paisa. Todos dependientes y padecientes del oro.
En el Bagre encontramos a Oiden, que representa
a tres comunidades Afrodescendientes, a Yoelis, que hace parte de un Cabildo
Indígena y a Pablo que es el Presidente de una Asociación Comunal.
Oiden habla con entusiasmo, y jamás se le borra
la sonrisa del rostro, está trabajando por dos
cosas simples : contar con tres puntos digitales para las tres
comunidades que representa, así podrán ofrecer al mundo las artesanías que
realizan y además los niños podrían hacer consultas escolares y ampliar sus
conocimientos. También quiere una placa polideportiva, no sólo para la práctica
y disfrute del deporte, sino esencialmente para recuperar , luego de los
encuentros deportivos, las reuniones
sociales, esas en las que compartían música, danza y saberes ancestrales,
asuntos culturales que la violencia les quitó y que ellos quieren recuperar.
Yoelis por su parte, sueña con una mejor vía de
acceso para su comunidad, porque de esta manera los cultivos podrían sacarse en
mejor estado y más rápido a la cabecera municipal, ser vendidos y tener
entonces ingresos que les permitan no pasar tantas y tantas hambres.
Y Pablo quiere un proyecto de piscicultura,
para el abastecimiento local y para vender, en otras comunidades, así tendrían autonomía económica y
una vida más digna.
¿ Eso
es todo? Sí,
eso es todo ¿ No más? No, no es más… ¡ Y por trabajar en esos proyectos los
matan! Los han ido matando sistemáticamente. Y digo sistemáticamente porque no es
gratuito eso de que se asesine, casi a diario, un líder social en nuestra
querida, bella, multicultural y exótica Colombia. Esos asesinatos corresponden a un plan elaborado y, como vemos, ejecutado con éxito hasta el momento.
En Colombia se valora más el egoísmo, el
egocentrismo, el primero yo , el sálvese quien pueda. Aquí, en el devoto país del Corazón de Jesús, la
solidaridad se asesina, el trabajo en equipo se masacra y la ayuda mutua se
desaparece. Esto explica muchas cosas







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