URABÁ, un conflicto permanente


DESPOJO, DESPLAZAMIENTO,EXPULSIÓN... En todo caso, pérdida de la tierra que por años se ha trabajado


Mayo 12-14 de 2015. Urabá






Llegamos a Apartadó a las 7 y 25 de la mañana, y ya el calor pegajoso estaba haciendo su papel. La idea del trabajo de esa jornada era investigar sobre el Despojo en la zona, ese que por 60 años ha sembrado dolor en uno de los territorios más bellos que mis ojos han visto.

En Urabá no hay paz, pese a que se han dado acuerdos y desmovilizaciones de los grupos ilegales, el EPL, ahora movimiento político Esperanza Paz y Libertad y de los paramilitares a principios del 2000. Pero el despojo, el desplazamiento, las presiones, las amenazas y los asesinatos selectivos  se siguen dando.

En Urabá me confundo con su población, son mulatos todos, como yo, ni negros, ni blancos, porque allí la colonización sí que marca nuestra condición triétnica. Son variopintos, un término que me encanta y me llena de emoción.

Son morenos con rasgos de blancos e indígenas, o blancos con rasgos negros e indígenas, o muy indígenas pero más oscuritos y con rasgos de blancos. Su cercanía con el Chocó y con la Costa Atlántica ha permitido esa suma, resta,  multiplicación  y combinación de razas. De allí que su alma sea igual, trabajadores como buenos paisas,  alegres como casi costeños que se sienten y nobles y guerreros por la presencia indígena en su sangre.

Aunque por obvias razones también los hay blancos blancos, negros negros e indígenas Emberá Katíos.


Para mi Urabá es tierra de embrujo, su calor envuelve, no sofoca, envuelve y enardece los sentidos, los excita diría yo, uno siente que se quiere quedar allí, que allí pertenece, me sucede a mi, sé que no todo el mundo siente esta magia. Las tierras son benditas, los plátanos más grandes, los mejores bananos, las papayas más extravagantes  se producen en Urabá.

La gente es emprendedora, casi en cada casa hay un negocio, un restaurante, una tienda, una venta de chanclas y camisetas, de arepas, de chorizos, de empanadas, de tortas de pescado. El comercio tiene un especial dinamismo en Apartadó, Chigorodó, Carepa, Turbo.

Desde pequeña me decía para mí misma, para mis adentros y con respecto a la tierra : con razón se la pelean, algo que sabía no podía decir en voz alta y ahora menos cuando intento para la ONG que nos contrató para este trabajo, entender las razones de un conflicto que no cesa, que se recrudece y en el que todo tipo de actores tiene intereses diversos y que sólo confluyen en un punto común: la tierra.

Hablamos con los campesinos sobre las razones de su despojo o de su desplazamiento, unos salieron presionados por empresarios, que necesitan la tierra para expandir sus latifundios, o por paramilitares al servicio de los primeros o por miedo al conflicto entre guerrilleros y paramilitares, incluso por presiones de altos funcionarios del Gobierno Nacional, hasta por los mismos proyectos de infraestructura que el país adelanta en la zona por su ubicación estratégica y privilegiada. 

Muchos de esos campesinos cansados de esperar una justicia, que nunca les hace justicia, decidieron retornar a sus tierras, por las vías de hecho, sin acompañamiento del Estado y sin ningún papel que les respalde. Se valen de la ayuda de unos a otros para desplazar a los que una vez los desplazaron o para despojar a los que una vez los despojaron, entonces las situaciones se agravan y la justicia vuelve y se enreda una y otra vez, en una madeja de documentos, testigos, escrituras y posesiones.

La sensación de impotencia es mayor, cuando uno descubre el alma de estas personas, sus luchas, y su único pedido, trabajar la tierra en paz, producir, vender, y vivir,  no es más. Aman la tierra más que a sus propias vidas y en cuestión de un mes son capaces de poner a producir un pedazo de monte selvático : siembran, engordan gallinas, cultivan peces en pozos. El campesino de Urabá es sabio, emprendedor y creativo como ninguno.

Se dio la esperada reunión entre los Reclamantes de Tierra y los delegados de la Presidencia de la República. Muchas promesas, pocos resultados en lo que tiene que ver con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, una promesa del Presidente Santos, que como toda promesa presidencial, se quedó en eso.

Al día siguiente de la reunión estuve recorriendo algunas fincas con Carlos, el director de la Fundación Tierra y Vida, un negro elegante, simpático y muy conocedor del tema, con buen parlamento y con gran conocimiento de causa, su familia fue despojada y algunos de sus integrantes amenazados y asesinados.


En cada finca, de las tres que visitamos, nos brindaron desayuno, gallina, recién cazada, sudada con papas, yucas y una montaña de arroz, todo delicioso! Y más me enamoré de Urabá, de sus bellísimos paisajes, que se pierden a mis ojos  en el horizonte, de su gente humilde, tenaz y trabajadora y de su lucha para lograr un pedacito de tierra en esa inmensidad, donde a no dudarlo, si hubiese justicia y equidad , habría para todos.


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