DEL CONFLICTO A LA ESPERANZA
Ituango, septiembre 11 al 15 de 2016
La convocatoria del Canal Regional , se llamó
inicialmente Tierra de Mártires, horror de horrores, como si ya no fuera
bastante todo lo que ha padecido esta región con el conflicto, como dicen los
que les gusta llamar a las cosas de otra manera, o con la guerra, como me
parece a mi que debemos llamar lo que ha padecido el país, no en los últimos 50
años, como dicen los que les gusta llamar las cosas de otra manera, si no 60,
como digo yo.
Llamé a una gestora de una de nuestras empresas
contratistas y le pedí el nombre del
profesor que había llevado el sonido a la inauguración de la Escuela Galgos, en
Ituango, Luis , me dijo que se llamaba,
me puse en contacto con él y le dije que necesitaba una persona allá de ese
Municipio que hubiera hecho parte de la guerra,
y de inmediato me dijo Laura Patricia * , “ ella ahora trabaja con la ACR,
Agencia Colombiana para la Reintegración” , me dijo el profe .
Hablé con ella, y me dio cita para el día
siguiente en su oficina, me fui vestida lo más hippie que hallé en mi closet y
me encontré con una linda chica, vestida elegantemente, botas de bossi y
chaqueta fashion, fashion, fashion. Me
habló con soltura, me ofreció café y nos tardamos como 4 horas en esa
primera entrevista, al final deseó que nos ganáramos la propuesta para el Canal
y coincidió conmigo en lo terrible del
nombre!
Dos semanas después la llamé y le comuniqué la
buena noticia, teníamos el presupuesto para realizar el documental, acordamos
una nueva cita para definir aspectos de la post-producción y fijamos la fecha
del viaje, domingo 11 de septiembre , porque, me advirtió, llegar hasta San
Jorge, Vereda de Ituango en los límites con el Departamento de Córdoba, era un
asunto de dos días.
La idea del documental era volver sobre los
pasos de Laura Patricia , conocer los lugares donde vivió de niña y adolescente
y entender las razones de su ingreso a las FARC, también las razones de su
desvinculación. Su historia, era sin duda, la misma historia de muchos otros
jóvenes que ingresaban a este grupo o a
otro ilegal, por la presión del entorno,
por la falta de oportunidades, por las condiciones familiares, porque en este
país donde el campo se abandona a su suerte, es donde se vive la guerra en
todas sus manifestaciones y con todas sus consecuencias.
Salimos el domingo a las 8 de la mañana, al
medio día estábamos en Ituango, almorzamos Sancocho y contratamos tres
mototaxis que nos llevaran hasta la punta
del viejo inglés, allí nos esperarían las mulas, en las que , en una
primera jornada llegaríamos hasta la casa de su padre en la Vereda Santa Ana.
Dos horas después de abordar las mulas
avistamos un pesebre, un precioso caserío incrustado en la montaña, en el que
resaltaba la iglesia de color amarillo , era Santa Ana, aún nos faltaba como
una hora para llegar hasta donde don Antonio* , su padre y doña Flor * , su
segunda esposa, que no era la madre de Laura Patricia.
Unos 10 minutos antes de divisar la casa
comenzó a llover copiosamente , Iván se bajó de la mula y grabó el ingreso de
Laura a su casa, doña Flor salió a recibirla, como recibe la gente del
campo, con una amplia sonrisa, con amabilidad, nos dio la bienvenida y nos
invitó a entrar a la que es el sueño de casa que tengo, campesina, construida
en L, con un amplísimo patio, de inmediato una cantidad de niñas, todas
preciosas, nos colaboraron con el
equipaje, los bolsos, nos ayudaban a bajar de los caballos, abrazaron a su
hermana media y nos ofrecieron un
exquisito café calientico.
Seguimos grabando y le hice la primera parte de
la entrevista a Laura , allí pasamos la noche, la casa era muy cómoda , las
duchas de los baños eran con agua como me gusta a mí, caliente, así que me di
un baño delicioso. Doña Flor nos puso
los tennis debajo del fogón de leña para que se secaran para el día siguiente y nos brindó
una deliciosa comida, arepa, arroz, huevo revuelto , papitas fritas y más café
calientico, la bebida que más me gusta a mí en la vida.
Más tarde llegó don Antonio, un señor muy bien
parecido, un campesino echao pa´lante en todo el significado de este popular
dicho paisa, emprendedor, trabajador, inteligente y de una gran claridad
mental. Nos saludó también como saluda la gente del campo, acogiéndonos,
agradeciéndonos a nosotros por la visita y complacido de que estuviéramos allí.
Laura le pidió que nos acompañara en el
recorrido, inicialmente se mostró reacio, pero, para fortuna de todos, más tarde accedió. Me tranquilizó mucho saber
de su compañía.
Llovió toda la noche, asunto que me preocupada
porque sabía que eso, unido a nuestra inexperiencia mular, hacía más compleja
esa larga jornada. Nos levantamos a las 7, doña Flor nos dio un desayuno trancado, con tajaditas de
maduro, que me fascinan, y nos empacó los fiambres, haciendo énfasis en que el
que iba en bolsita plástica era para su hijo, que seguro nos lo encontrábamos
en el camino, pensé que estaría arriando algún ganado o sacando para Peque,
municipio con el que limita Ituango, alguna cosecha.
Salimos en caravana, don Antonio y yo trenzamos amistad de una, era buen
conversador, con esa sabiduría propia que da la experiencia, los sufrimientos,
también los gozos, y sobre todo vivir en una zona donde le ha tocado
padecer la presión que siempre ejercen
los grupos en conflicto y los escasos ingresos de la institucionalidad. Tres hijos de don Antonio hicieron parte de las FARC, dos suyos, del
primer matrimonio, es decir hermanos de Laura, y el mayor de su unión con doña
Flor , esa situación lo ha puesto en la mira del Ejército colombiano.
Llegamos a otro caserío, La Vega, como una
horita después de haber partido de la casa de Don Antonio , empedradito, de
casas coloridas, frío, muy frío y me contaron que pertenecía al Municipio de
Pequé, ahí en la segunda parte de la entrevista a Laura P. nos contó sus años de niña allá, viviendo con
un familiar, porque su papá quería que fuera a la escuela. Cambiamos las
bestias y emprendimos de nuevo el camino, media hora después empezó a llover,
sacamos las capas y para sorpresa mía me fui dando cuenta que la ropa se me
mojaba, entonces descubrí que la capa estaba completamente rota!
A medida que avanzábamos el agua arreciaba y la
loma también. Siempre he sido friolenta, y las temperaturas bajas me
deterioran, proporcionalmente el ánimo. Entré en mutismo, un estado que me
invade con alguna frecuencia. Mientras más subíamos , más llovía y más venteaba
, yo estaba completamente helada y mi ropa destilaba agua, don Antonio , sabio
como era, advirtió mi estado, y comenzó a intentar sacarme de ese abismo
cerebral , pero no pudo. Me dijo que antes de coger el páramo del Paramillo,
qué estábamos como a media hora, íbamos a pasar por un punto donde el viento
hacía un remolino permanente, que era tanto el viento que debía sostenerme bien
de la rienda porque podía caer de la mula.
Pasamos por el sitio y me pareció de película
de terror, un remolino movía todo a su alrededor y se tragaba las hojas que desprendía de los árboles, la
neblina comenzó a invadirlo todo, “ Ya casi vamos a coronar el páramo” me dijo
don Antonio , y el agua seguía castigándome, me sentí miserable, incapaz de
controlar ese padecimiento, me dio rabia conmigo misma, el frío era para mí
insoportable, me temblaba el mentón, las manos, los labios. Justo en el pico
del páramo , don Antonio tomó una
decisión que aún hoy no sé si fue la mejor, dijo “ almorcemos aquí”, yo abrí la
boca para protestar pero no me respondieron ni los músculos, ni el cerebro.
Todos se bajaron y yo me quedé sobre la mula con la mirada perdida, Laura P. e Iván hacían chistes y yo no los celebraba ,
no entendía ni lo que decían.
Don Antonio, destapó los fiambres y empezó a
repartirlos, yo seguía montada en la mula, la mirada perdida y la mente puesta
en el remolino chupamanchas que habíamos acabado de pasar, Laura P e Iván
comenzaron a decirme que me bajara pues, pero yo no les respondía
Don Antonio, se acercó, me despegó las manos de
la rienda , los pies de los estribos y me obligó a apoyarme en su hombro, tuvo
que hacer un enorme esfuerzo para no irnos al suelo los dos, yo no podía
moverme, literalmente, me abrió la mano izquierda y descargó la hoja del fiambre sobre ella, luego me
abrió la mano derecha y me entregó la cuchara, “ coma pues mi niña, haga el
deber porque si no se nos muere”, la hoja de biao aún estaba tibia, intenté
atrapar algo de arroz y llevármelo a la boca pero el temblor hizo que se
cayeran de nuevo la mitad de los arroces, empecé a masticar lo que alcanzó a atrapar mi boca y sentí un
exquisito sabor a comino, dejé la
cuchara a un lado y cogí la presa de pollo, con poca fuerza desgarré un poco y
lo mastiqué despacio, el agua me corría por el rostro y di gracias al cielo
porque estaba llorando, del frío , de la rabia conmigo misma, de la capa rota,
de la lluvia que no paraba, del saco que
no me protegía del frío , de la inclemencia del Páramo del Paramillo, del
maldito remolino chupamanchas, de mis manos que no me obedecían, de mis dientes
que castañeaban sin mi permiso.
Me pregunté qué hacía ahí, y por un instante
pensé en las tardes de sábado con mis
padres, de las siestas al lado de mi madre con cobija calurosa y anhelé como
nunca en la vida ese cafecito con más amor que cafeína con el que siempre me
recibía mi papá.
No comí más de tres bocados, no me daba la
vida. Iván sacó su teléfono inteligente y dijo
“ estamos a 2800 metros, 2 grados centígrados” pensé que esa medición
era errada, a mi me era imposible soportar en Medellín , abrigada con
chaqueta y bufanda, una temperatura de
16 grados! 2 grados centígrados, y mojada seguro ya me habrían matado!
Las sobras se la comió Lobo, un labrador
preciosamente blanco que nos acompañó todo el camino, emprendimos el viaje otra
vez, don Antonio me tuvo que montar de nuevo a la mula, yo seguía sin hablar,
con la mirada perdida, tanto que Iván y Laura P. dejaron de hacer chistes
convencidos de que yo estaba enojada.
Iniciamos el descenso y oí que don Antonio me dijo “ Sandra en media horita cambia el
clima, espere y verá”, lo miré sin atinar a decirle nada, pero el camino era
estrecho, recubierto de musgo a lado y lado por el que bajaba agua todo el
tiempo, la neblina comenzó a desaparecer y sí, gracias al cielo, en media hora
apareció un tímido rayo de sol.
Escampó, le entregué la capa a Don Antonio y me
quité el saco y lo escurrí, solté el caucho que me sujetaba el cabello y los
espolvoreé para que se me secara al sol, el camibuzo estaba completamente mojado, no como cuando se saca la ropa de la
lavadora, si no cuando se escurre a mano, así como el bluyín, pero ni modo de
quitármelos, comencé a hablar de nuevo y mis compañeros de viaje a burlarse de
mi, entonces Iván dijo “ Ella siempre es así, cuando está brava no habla, yo
sólo la he visto enojada una vez, que íbamos para El Aro y al arriero le dio
por pegarle a la mula justo en un abismo, ese día supe cómo era la Jefa
brava”. Les aclaré que no estaba brava
con nadie, si no conmigo misma por mi
falta de autocontrol, como si fuera la primera vez que tuviera condiciones
adversas, entonces don Antonio dijo “
Ahh yo quiero una mujer así, que no hablé cuando se enojé” , todos estallamos
en risas.
Y el sol comenzó a calentar en forma, y yo a
recuperar mi ánimo, otra vez entablé conversación animada con don Antonio, me
contó de su juventud, de la vez que los desplazaron y le quemaron la casa y los
cultivos, de cómo se recuperó solito, sin la ayuda de nadie, ni siquiera de “
esos subsidios del gobierno”.
En un recodo del camino nos encontramos de
frente con 3 hombres y un niño, que venían con 7 caballos , en sus camisetas
estaba estampado el escudo de las FARC , igual que en sus pañoletas y gorras,
me asusté, pero saludaron amigablemente a don Antonio y él le dijo a uno de
ellos “ Qué hubo mijo”, entonces Laura P. me dijo, “ Vea Sandra le presentó a mi
hermanito” , un joven monito, de dientes grandes me extendió la mano y le dije
“ Mucho gusto Sandra Jaramillo”, él me sonrió.
Laura P. le dijo “ ¿ vienen de Balsitas? Y él le hizo con la cabeza que sí, concentré mi
atención en el niño, venía chupándose un bombón de coco, de esos que son negros
y que a mí me gustan mucho. Don Antonio le entregó el fiambre de bolsita, como había ordenada doña Flor , y el niño se
apresuró a recibirlo. Sólo ahí comprendí que no era que el joven viniera de
arrear ganado o de sacar algún producto, si no que, me dijeron después, de
escoltar a un grupo de comandantes que iban para el Yarí a la X Conferencia de
las FARC.
Nos despedimos, don Anotnio me dijo “ mama es mama, ella sabía que nos lo
íbamos a encontrar, yo pensé que no y ya estaba que hacía otra parada a comerme
lo de esa bolsa” , le pregunté qué cuánto hacía que estaba en las FARC y me dijo “ Humm hace como un año ya, yo no sé
qué pasa con estos hijos míos, me he esforzado en conseguir y conseguir tierras
para que ellos trabajaran, y no les tocara jornalearle a nadie, a este le
entregué una finca, ahora la ve, por ahí pasamos, con un potrero grande y
ganado, le dije que se llevara una mujer para que no se aburriera, y como a los
cuatro meses, me dijo que se iba con esta gente, no sé por qué les gusta esa
vida como es de dura, durmiendo por ahí en un cambuche, sabiendo que nosotros
tenemos casa cómoda, comida siempre …” y se quedó mirando al horizonte. Laura
P. me había advertido ya que a su padre nunca le gustó la decisión que ella
había tomado cuando ingresó a las FARC y que se sentía muy decepcionado que
cuatro de sus hijos estuvieron con ese grupo.
Llegamos a lo que ellos llamaban la comunidad
de Antadó, que había sido un caserío próspero, porque allí funcionaba una
especie de cárcel, donde llevaban presos a cultivar la tierra, de eso sólo
quedaba una virgen en un altico y una casa, que recientemente había construido
don Antonio y que era la que le había
regalado al hijo con que nos habíamos acabado de encontrar. Avistamos la casa y
yo feliz de saber que iba poder entrar a un baño.
Nos atendieron un par de chicas muy risueñas,
tenían tienda entonces tomamos gaseosa y papitas de paquete, puse mi saco en
una lata caliente a ver si se me terminaba de secar y con entusiasmo le dije a
las niñas, una de ellas embarazada. que sí me prestaban el baño, respondieron
en coro: “ Aquí no tenemos baño”, pensé que no me habían entendido, entonces
tercamente insistí “ Pues ducha no, donde uno hace chichi”, se murieron de la
risa, y me dijeron otra vez “ no, aquí no tenemos baño”.
“ Ahh entiendo” les dije “ entonces donde hago chichi “ , “ Ahí atrás, donde
quiera”, don Antonio, Laura P. e Iván no
paraban de reírse de mi, y les dije “ Jumm me aguanté 4 horas para no hacer en
la manga y acá toca en la manga”, tomé los pañitos húmedos, me fui para “ atrás
“ y como mi vejiga se negaba a descargarse pese a lo llena que estaba, debí
cerrar los ojos, imaginar que estaba en el baño de mi apartamento y producir el
sonido de nuestra niñez :sssssssssss
Sin peso en la vejiga, con el estómago
satisfecho por las papitas de paquete y una chocolatina Jet, le hice una
entrevista a don Antonio sobre su expectativa del proceso de paz, me contó que
era su mayor anhelo. Seguimos, nos faltaban cuatro horitas de camino, pero por
travesía, que es cuando la mula o mejor la silla maltrata menos.
Eran como las cinco de la tarde cuando llegamos
a San Jorge, nuestro destino final , allí estaba viviendo Nando*, un primo de
Laura P. , en la casita que fuera la de su niñez. Ella experimentó una tristeza teñida con rabia,
mientras nos decía, “ aquí había una
casa, y allí otra y detrás otra, acá habían por ahí 10 casas”, pero no se veía
ni siquiera el rastro, ni un muro, ni una plancha , todo arrasado y ya cubierto
por la maleza, “ en este punto era la
escuela” , y sí había una estantería metálica que daba cuenta que decía la verdad.
Avanzamos y nos dijo, unos metros antes de
entrar a la casa, “ este era el cementerio”, se bajó del caballo y comenzó a
destapar lápidas con sus botas y vimos algunas cubiertas por el tiempo y la
naturaleza.
Llegamos donde Nando*, vivía con un hijo, de
unos 14 años, su esposa con la que había acabado de tener un bebé, y una
cuñada. La casita estaba muy descuidada, le entregué a las muchachas unas
bolsitas que les llevábamos con arroz, café, jamonetas , galletas dulces,
saladas, azúcar y leche en polvo, me las agradecieron con sonrisa y de
inmediato destaparon las galletas dulces.
Les pedí un cuarto para cambiarme la ropa y me
puse una sudadera y otro camibuso, me quité los tenis y puse el saco en unos
palos sobre el fogón de leña y los zapatos
debajo, con el ánimo de que se secaran para el día siguiente.
Media hora después nos estaban ofreciendo la
comida, arroz, impecablemente blanco, huevo y jamoneta fritos y tajaditas de
maduro, confieso que no comí, devoré, para rematar nos trajeron de sobremesa
café en leche en polvo, batido en la chocolatera, ese suculento menú y bebida terminaron
de volver a la vida a la Sandra que hacia el medio día se había sumido en el
mutismo. Comencé a reírme de nuevo, a preguntarle a Nando* por el trabajo en
ese remoto lugar , a hablar con las chicas en la cocina y a cargar el bebé,
diciéndoles que no veía la hora en ser abuela, ellas se morían de la risa.
Nos sentamos alrededor de la mesa, Laura P. recuperó
el ánimo, y don Antonio sacó, lo que
tenía reservado, para lo que dijo era, “ una ocasión especial” , una botella de
Old Parr. La sorpresa fue mayúscula, yo sé que uno puede tomar lo que sea, en
donde sea y con quien sea, pero qué señor tan fino, me dije, bien podría haber
sacado una botella de aguardiente, o de chicha, pero Whisky??? En esas
lejanías??? Cómo haría para que doña Flor , que le ayudó con los aperos, no se
enterara, me pregunté entre risas.
Bebimos entusiasmados y a la luz de una vela,
no es raro comprender que no haya electrificación por allá, yo pedí más café
para revolverlo con el Whisky, que montañera cierto? Pero es que esa bebida tan
exclusiva nunca me ha sabido buena. Don Antonio estaba contento, con nosotros, con su sobrino,
con su hija, con el hecho de que fuera la primera vez que una periodista y un
señor camarógrafo llegaban hasta ese sitio a mostrar sus realidades.
Nos fuimos a dormir tarde, como 6 en una
habitación, llovió toda la noche, pero don Antonio dijo que eso era bueno porque entonces
amanecía despejado. Amaneció , me despertó el aleteo desesperado e inútil de
una gallina que fue despescuezada, hervida, desplumada y cocinada! Ese fue
nuestro desayuno, acompañada de una montaña de arroz y papas cocidas, y nos
empacaron en bolsitas como fiambre gallina despescuezada, hervida, desplumada y
cocinada con arroz y papas cocidas.
No me bañé, dije que suficiente agua había
recibido el día anterior y que me bañaba por la noche. Instantes antes, y como
medida de prevención, llené de cinta masking los huecos de mi capa, intentando
remendarla y evitar, que si llovía, esperaba con fervor que no, no me pasara el
agua.
A la llegada, la tarde anterior, había hecho la
parte final de la entrevista de Laura P. , afectada como estaba por el impacto
de no encontrar nada, su testimonio fue conmovedor.
Durante todo el regreso, mi temor era enfrentar
de nuevo el paso por el Páramo del Paramillo, habíamos logrado ganar un día de
viaje entonces tenía, a como diera lugar, que comunicarme con la oficina para
coordinar el asunto del transporte, y la única manera de hacerlo era llegar a
La Vega, antes de las 4 de la tarde y rogar que hubieran mandado una clave
desde la Gobernación de Antioquia, para hacer una llamada satelital. Llevaba 3
días de incomunicación total. Ganarnos
, ese día de grabación significada que tenía un día para estar en la oficina,
jueves, antes de emprender un nuevo viaje, viernes, al Yari al cubrimiento de
la X Conferencia de las FARC, podría lavar, además , la ropa y dejar las
cuentas pagadas de la quincena y girarle a Samuel, mi hijo, que estaba estudiando en Argentina, antes de irnos nuevamente.
Intenté acelerar el paso con mi mula y la
verdad don Antonio y yo les tomamos una
amplia ventaja a Iván y a Laura P. , llegamos a la casa de la Colonia de
Antadó, donde nos volvieron a recibir las chicas risueñas, me dio tiempo de
bajarme y estirarme sobre una mesa y poner mis pies lo más alto que pude,
cuando arribaron los chicos, tomamos gaseosa y papitas de paquete pero no
quisimos almorzar porque era muy temprano.
Seguimos y le pedí a don Antonio , que
almorzáramos antes de subir al Páramo, me hizo caso y lo hicimos a la orillita
de una quebrada, pudimos lavar las cucharas y hacer chichi, en la manga, esta vez
ya mi vejiga estuvo más dispuesta.
Empezamos el ascenso, estaba llena de temores,
pero había algo a mi favor y es que no estaba lloviendo, y me animaba pensar,
que si caía agua había remendado con
cinta masking y esmero mi capa. Comenzó el ascenso y el ambiente a
llenarse de neblina, miraba al cielo continuamente esperando no toparme con
gotas de lluvia.
Y llagamos al Páramo, al sitio que unas 24
horas antes me había hecho perder la cabeza, estábamos secos, aprecie lo bello
de la vegetación en este lugar, los colores del musgo, que no siempre es verde,
a veces rojo y a veces gris, el tamaño de los troncos de los árboles y la
variedad de pinos, el olor a humedad, pero a una humedad fresca.
Había rastro de las hojas de biao que el día
anterior habíamos dejado allí , sentí lo de siempre: todo pasa, esa situación
que ayer me perturbó ya es parte del pasado, de mi pasado lleno de
experiencias, anécdotas y cuentos para contar, me imaginé sábado en casa,
narrando a mis padres, hermana y sobrinos esta nueva aventura, porque en casa
es así, todos mis viajes son aventuras cargadas de peligro, que siempre tienen
el mismo remate cuando termino: “ Tiaaa a usté porque es que le gusta tanto
sufrir” me dice mi sobrino Daniel.
Y la verdad no sufro, este trabajo, estas
experiencias, estos personajes, son los que le dan sentido a mi vida a diario,
amo mi profesión.
Volvimos a tomarles ventaja a Laura P, y a Iván
don Antonio y yo, la verdad es que Iván odia las mulas, entonces aprovecha
cualquier pretexto para bajarse y caminar, y yo iba afanada por llegar a tiempo
a La Vega y lograr comunicarme con la oficina.
Don Antonio insistía en descansar y yo le decía
que no. Llegamos a La Vega a las 4 y 30 de la tarde, cuando entramos al
caserío, le pedí a don Antonio que me
ayudara a bajar del caballo, no me podía mover, avanzando muy despacio me
dirigí hasta la tienda y le pedí a la señora que me prestara el baño, había que
bajar unas escalas y al primer intento las rodillas se me doblaron, si no me
agarró con fuerza de la chambrana hubiera rodado, sin dudarlo.
Entonces bajé sentada, para subir fue un
suplicio, todo me dolía, le dije a la señora que si tenía tinto y me dijo que
sí, se apresuró a prepararme uno, le pregunté por el asunto de la llamada y me
dijo que bajara hasta la casa de rombos rojos y que preguntara por David, que
él me diría si habían mandado clave o no al punto digital.
Menos entumida bajé hasta la casa de rombos
rojos y pregunté por David, me dijo que sí habían mandado código que fuéramos
hasta la escuela. Bajar más? Don Antonio me alcanzó y me dijo que estaba cansado, que
él se seguía, que había que cambiar de bestias, que esperara yo a los chicos,
le di las gracias y le dije que listo.
Saqué el teléfono para buscar el número de Lillyana, mi jefe, y horror de horrores, el
celular estaba descargado, rebujé en mi mente, siempre decía que era el único
teléfono celular que sabía de memoria, 310…833..79.., sí ese es, marcamos y
escuché su aló, amable y cantadito.
“ Lillyana “ le dije y de inmediato me
interrumpió “ Sandritaaaaa, dónde andas, te hemos llamado 60 veces, puesto
mensajes, whastaspp”, “ Ay Lillyana, pues creo que estuve no en el fin del
mundo, pero sí en el fin de Antioquia, todo bien, pero muy duro, ayer me puse a
llorar , pero después te cuento, necesito que el transporte nos recoja mañana
en un punto específico”, entonces me dijo que antes de pasarme a Daniela para
darle esa instrucción me consultaba varias asuntos, tomamos decisiones rápidas,
me pasó a Lina qué necesitaba aclarar algo y a Marcela, a quien le pedí que
llamara a mi casa.
Al fin llegaron Iván y Laura P. , que se
bajaron de las mulas para descansar y éstas después no se dejaron montar más ,
tomamos otras mulas y llegamos a la casa Don Anotnio, me dí un baño como de dos
horas, me estregué duro como me indicó doña Flor para evitar dolores posteriores, comimos huevo
revuelto con arroz y más deliciosas tajadas de maduro, aproveché para revisar
el material y Laura P. e Iván les mostraron a todos las fotos del camino,
estando en esas tembló la tierra como jamás había experimentado, la casa se
movía en todas las direcciones, nos salimos para el patio. Toda la noche fueron réplicas del epicentro que fue ahí
detrás, en el Municipio de Mutatá.
Al día siguiente salimos a las 9 de la mañana,
les agradecí a todos la hospitalidad, como no pude comunicarme más con la
oficina, venía con la angustia de no saber si sí habían logrado coordinarme el
transporte, a las 12 del día llegamos a la
Punta del Viejo Inglés y vi, como seguro ven los secuestrados al
helicóptero de la cruz roja, el carro que nos traía de nuevo a Medellín. Fue
todo un alivio.
Arribando a Ituango me comenzaron a entrar los
avisos de las llamadas perdidas y los mensajes de whatsapp, respondí algunos
con mucha alegría y tuve la calma de reflexionar sobre esa Colombia tan cerca y
tan lejos, tan llena de inequidad e injusticia, de paisajes bellos, exóticos y
enloquecedores y de gente sencillamente encantadora, que lucha, que no se
resiste, que busca los caminos para reparar sus dolores y seguir, seguir y
seguir, sin escatimar en cuanto haya que
luchar.

Muy buena crónica Sandra, sufrí con vos leyéndola. Felicitaciones.
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