NUNCA MÁS





Volvimos al Aro. Agosto 19 al 21 de 2015

Teleantioquia abrió una convocatoria para realizar una Serie sobre inclusión. Y decidimos presentarnos con el tema de Reina Dolly y su trabajo de inclusión en este Corregimiento abandonado a su suerte por todas las instituciones del Estado

Esta vez el viaje fue menos tortuoso, llegamos hasta Puerto Valdivia y de allí tomamos una lancha hasta Organí, una finca que les sirve de desembarcadero y pesebrera para las bestias. Allí tomamos las bestias y el mulero, que se tardaba un rato en acomodar la carga, mercados y encargos para el Aro, me dijo que arrancáramos que las mulas conocían el camino.

Y así lo hicimos Iván, Juan David y yo. Descubrí ante la torpeza de Juan David, que Iván y yo nos habíamos vuelto bastante diestros en el manejo de las mulas y que ya ellas respondían con obediencia ante nuestras peticiones. Tanto que por un momento debí cabrestear la mula de Juan David que se resistía a seguirnos el paso.


El viaje en lancha fue bastante agradable por el Río Cauca, tranquilo , sin contratiempos, en el Puerto hay dos empresas que prestan este servicio, cuentan con el aval de la alcaldía municipal, están uniformados y más organizados, según me dijo el lanchero, porque mire ya usamos chalecos y todo! Asentí mostrándole cara de asombro.



Y el camino en mula casi todo es en travesía, excepto el que sube ya hacia el corregimiento y empieza justo después del puente, donde un letrero rojo improvisado muestra con una flecha a la derecha  : El Aro.

Llegamos en medio de una lluvia tenue, nos bajamos en la tienda de Chimpa y saludamos, Lady nos  dio la bienvenida, ya sabía que veníamos entonces le pedimos gaseosas y mecato, pero solo tenía galletas, chicluditas por cierto, tanto que Iván me dijo que poco le faltó para hacer bombitas.


Nos disponíamos a subir al puesto de salud cuando llegó el mulero con nuestra carga. Durante tres días estuvimos detrás de Reina Dolly, en sus visitas domiciliarias, en sus jornadas de aseo, en los talleres de sexualidad que le da a los chicos, en los controles a las embarazadas y de crecimiento , desarrollo y vacunación  a los niños.

La seguimos en sus días penosos en los que se interna en veredas a incluir a los excluidos en todos los programas de salud que el Estado a través de ella les ofrece, y la escuchamos en las noches contarnos sus historias o mejor aventuras, trayendo al mundo niños atravesados y terneros de vacas viejas y sin fuerzas para dar aliento de vida.

Y ese trabajo de Reina sí que se realiza por pura pasión y amor al oficio, hacía por lo menos tres meses no recibía su sueldo, por falta de una firma en el Convenio con el hospital, pensé en los problemas que yo podría tener si mi quincena se retrasara tres días.

A Reina todo el mundo la quiere, y no sólo cura problemas del cuerpo, también se ha especializado en atender problemas del alma, recomponer amistades entre vecinas, dirimir conflictos entre varones y realizar proyectos comunitarios para presentarlos a la alcaldía y mejorar las condiciones de vida de este Corregimiento.

Reina y todos los aroeños son felices, pese a tantas carencias, tienen buen humor, rescatan de su vida la tranquilidad y dicen no querer  jamás volver a salir de sus tierras, por lo que ruegan que no se repita  un hecho violento, como aquel de octubre del 97, que los obligó a los pocos que quedaron a abandonar sus tierras, sus vidas, sus muertos. No quieren volver  a aguantar hambre en la ciudad.



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