Jugando  nos perdonamos 







Bajo Cauca antioqueño, noviembre 13 y 14 de 2019

Al Bajo Cauca antioqueño pertenecen municipios como Tarazá, Cáceres, Nechi, El Bagre y Caucasia, territorios exuberantes y ricos en todo : minería, madera, agua, bosques y gentes. Hay más de 212 etnias en esos territorios, población afro y mestizos producto de la colonización antioqueña y cordobesa. Son paisas que hablan costeño, trabajadores incansables como los primeros, alegres y amables como los segundos.

Son resilientes y también pacientes, lo han padecido todo, pero no se arrodillan. Les han asesinado líderes, los han desplazado, despojado de sus territorios, les han violado todos sus derechos y jamás les hemos agradecido sus inmensos aportes a la economía del país, su fuerza laboral y la defensa de sus territorios.

Guerrillas, paramilitares, cocaleros y narcotraficantes han puesto a los bajocaucanos en el centro de sus disputas territoriales y extractivas, los han confinado además y les han limitado el mínimo derecho a la sobrevivencia.

Así que llegamos al territorio a hablar con algunos líderes que desean una reparación colectiva para sus comunidades por parte del Estado. Un Estado que se hace presente con sus fuerzas militares, pero que falta  con lo esencial : escuelas, salud, agua potable o vías terciarias para sacar productos agrícolas y sustituir en firme la coca.

Una reconocida ONG de Antioquia, adelanta con ellos una especie de escuela, en la que les enseña la forma más eficaz de presentar proyectos y les ayuda a superar los pasos, a veces complejos, que el Estado diseña para poder destinar los recursos y evitar que vayan a parar a las manos equivocadas.

Pese a tantos dolores, ellos no pierden la esperanza de un mejor futuro para sus hijos, nietos, próximas generaciones en todo caso y han buscado la manera de restablecer, en principio, las relaciones perdidas entre ellos, por la desconfianza , el temor y la incertidumbre de pensar una y otra vez : quién fue el que los traicionó, quien propició la llegada de tal o cual grupo, quién les enseñó hasta los caminos más recónditos, quién dijo que se apodaban de esta manera y que tomaban cerveza, por ejemplo,  todos los viernes en la fonda donde el camino se bifurca hacia otra vereda.


Así que llegamos a Villahermosa, una vereda de El Bagre, donde decidieron encontrarse más de 100 familias para vivir “ Un paseo de olla a la quebrada” , llegaron de La Bonga, La capilla y Puerto López.



Villahermosa es un caserío al que se llega por una trocha, debimos pasar por varios arroyos hasta que el transporte contratado se negó a seguir, por suerte estábamos cerca de La capilla, otro caserío y conseguimos una moto, una sola, que nos llevó a Iván , a la cámara ,  el trípode y a mi, hasta el lugar de encuentro.

Al momento de llegar ya algunas familias estaban en la caseta comunal, reunidas con la delegada de la UARIV , Unidad de Atención para la Reparación Integral de la Víctimas del Conflicto colombiano, una chica muy amable a la que le expliqué nuestro trabajo y me dio un espacio para hablarles y contarles qué requeríamos de ellos, todos accedieron sin problemas.

Y comenzó la integración, con esos juegos que requieren de destrezas que unos ya perdimos, otros olvidaron y los actuales no conocen : carrera de encostalados, consiste en meterse en un costal, para quienes no saben es una bolsa grande, de fique o cabuya,  que aún hoy los campesinos usan para las cargas de café y para sacar sus productos. La carrera consiste en alcanzar una meta saltando dentro del costal y, lo más importante, sin perder el equilibrio.

Comenzaron los niños y las niñas, pero fue tal el entusiasmo de los adultos que éstos se animaron también y participaron, como los costales escaseaban se tuvieron que realizar varias competencias.  Rieron como hacía tiempo no lo hacían, se abrazaban ante una victoria, ayudaban a levantarse a los que caían y aplaudían con emoción  a los  ganadores, a nadie le importó que los regalos se acabaran, participar y gozar mucho era lo importante.

Luego vino la siguiente competencia, tan dura como la primera, consistió en tener una cuchara en la boca que a su vez llevaba un huevo. La idea era llegar a la meta con el huevo en perfectas condiciones. Creo que nunca vi tantos huevos en el piso, aprendieron a hacer reír a los incautos participantes que al abrir los labios dejaban caer de inmediato la cuchara, eso les generaba tanta risa que terminaban en la manga sosteniendo sus estómagos. Después de unas 10 competencias por grupos de 4 personas, una chica logró cruzar la meta, se ganó una cartuchera.


Y antes del sancocho de gallina criolla, vino la mejor parte, el baño en la quebrada.
¡ Qué fue esa delicia! Todos corrimos para la quebrada, que quedaba ahí cerca. Los organizadores se ingeniaron concursos para cruzarla, algunos nadaban con habilidad, otros se arrastraban y otros caminaban, pero llegaban a la meta, el clima estaba perfecto aunque la quebrada no muy clara.

Fue difícil realizar mis entrevistas, ellos estaban en otro paseo. Y la verdad lo celebré, me uní al entusiasmo, aplaudí, salté como niña loca , me organicé con un grupo de señoras porristas y animamos a los equipos y con tristeza vi cuando llegó la mototaxi por nosotros, la que nos llevaría donde el conductor llorón que no quiso seguir por las condiciones del camino.


Vi también como Iván, mi camarógrafo,  hacía cara de desagrado ante la inevitable partida,  porque él sí que se niega a abandonar su esencia de niño.

Abracé a las más de 50 señoras que me obsequiaron sus brazos generosos, sin reparar en que sólo hacía 4 horas que me conocían, nos invitaron a volver. Otro mototaxista se ofreció a llevarnos entonces ya Iván y yo íbamos en motos independientes, brinqué tanto que mis rodillas me pasaron cuenta de cobro y no respondieron como debían en uno de los arroyos que debíamos cruzar, así que caímos y me bañé por completo, me dio rabia porque mejor lo hubiera hecho en la quebrada del paseo de olla.

Aún está nítida en mi memoria  la imagen de nosotros saliendo de Villahermosa y todos diciéndonos adiós con la mano, era la primera vez que tenían la visita de unos realizadores de televisión.


Y eso es el Bajo Cauca antioqueño, lejos de ser la zona roja estigmatizada , violada y maltratada. Es, por el contrario, una subregión en la que su mayor riqueza es su gente, donde el mestizaje se dio en mayor medida por la llegada  de españoles en busca de oro, traída  de afros esclavizados  exclusivamente para extraerlo y presencia de indígenas dueños naturales de esos territorios.

Ese mestizaje es hoy un fuerte patrimonio cultural, que sólo desea trabajar  en paz, gozar con sencillez y recuperar la esencia de sus vidas.






Comentarios

  1. Qué buena crónica!, una más de las que nos tiene acostumbrado Sandra Jaramillo. Con su prodigiosa pluma nos conduce de manera magistral a recorrer la geografía antioqueña y retratar las vivencias de sus pobladores y de su experiencia misma para llegar a lugares tan recónditos. En el imaginario de un país sacudido por múltiples violencias se piensa que sus gentes son igualmente resentidas y agresivas, pero basta leer y contagiarse de las imagines y descripciones que con gran sensibilidad nos relata la cronista para entender que nosotros vivimos de estereotipos, mitos y estigmatizaciones. Qué importante y valioso sería que relatos como este lo llevarán a las grandes producciones y poder entender que esa Colombia olvidada también viven personas que construyen sueños y mantienen viva la esperanza de llegar a disfrutar de los beneficios de un país en paz y con justicia social. Aprovecho para felicitar a Sandra Jaramillo por compartimos desde lo sencillo y simple la grandioso que pueden ser los medios de comunicación cuando se trata de unir mentes y corazones para un propósito común, esta crónica cumple sobradamente con ese objetivo. El Bajo Cauca es Antioquía. Sus gentes son Colombia!! Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mil gracias, ese comentario está más bonito que la crónica. Un abrazo!!

      Eliminar
  2. Excelente crónica. Tan bien descrito que uno parece estar alli.

    ResponderEliminar
  3. Prima, ya me hacen falta tus relatos, me encantan, la verdad lo transportan a uno y lo hacen sentir emociones muy bonitas, otras tristes, pero todas muy reales.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

LA VIDA EN UNA FOTOGRAFÍA

HISTORIA DE UNA PALOMA...DE LA PAZ

QUÉ SABEMOS DE IRÁN