TULIO, EL ARRIERO
Enero 22 de 2020
Dicen que en Antioquia el desarrollo llegó en
mula, en mula también llegaron, desde las épocas de la nefasta Conquista, los
pianos de cola, entonces podemos decir que el arte, la cultura y el
entretenimiento también se lo debemos, de alguna manera, a estos nobles
animales.
En mula viajaron los baúles con ropa, enseres,
víveres…y por supuesto en mula llegaron, hasta los sitios más apartados e
indómitos de nuestra geografía paisa, todo tipo de personas: españoles
afiebrados por el oro, afrodescendientes para extraerlo, indígenas
esclavizados, sacerdotes, prostitutas, docentes, en fin… ¡Si las mulas hablaran…
sí que tendrían para aportarle a nuestra historia!
Pero esta Antioquia, dizque grande y pujante,
aún depende de las mulas, pues si en vías principales estamos mal, en caminos
veredales la cosa es francamente seria y preocupante.
Preocupante porque mientras no existan buenos
caminos en la ruralidad, la coca seguirá sembrándose, y no habrá programa de
sustitución que valga. Pues la coca no necesita grandes cuidados ni para
cultivarse y menos para transportarse, no así los aguacates, zanahorias y
frutas que por cuenta de esta rebelde geografía, llegan a las centrales de
abasto o a las cabeceras municipales más mallugadas de la cuenta, entonces los
precios no son buenos y casi ni vale la pena sacar los cultivos. Este es un
dilema constante de nuestra población campesina.
Es por toda esa falta de inversión en la ruralidad,
que aún las mulas tienen tanto qué hacer, que no las pueden jubilar y que la
verdad poco descansan, aunque a veces las condiciones se les mejoran un poquito
y de paso a las comunidades también.
Les cuento además que es totalmente falso ese
dicho injusto “Más terca que una mula”, las mulas por el contrario son
inteligentes y muy, muy precavidas, si no avanzan en el sentido en que se les indica, es porque hay un peligro
inminente para quien la monta: una serpiente, el camino poco firme o una piedra
peligrosa.
Tanto montarlas me ha hecho conocerlas un poco,
apreciarlas mucho e intentar no maltratarlas: cada que me anuncian viaje en mula, me pongo a
dieta durante los 8 días previos. Entre ellas y los caballos hay notables
diferencias, por eso sí es cierto el refrán “…como un caballo desbocado" porque
la verdad a ellos no les importa por donde los ponen a galopar o en qué condiciones,
no saben medir los peligros y no tienen
problema en lanzarse por un abismo, con jinete incluido , si éste por ahí lo guía. La mula jamás haría
esto, y no saca su pata delantera hasta no haber estudiado el terreno y estar
segura.
Tulio, el arriero, vive en el Corregimiento El
Aro de Ituango, es el Presidente de su Junta de Acción Comunal, está muy
contento porque gracias a la figura de Contratación Social, logró que su
comunidad tuviera un mejor camino. Antes llegar al Aro era cosa de 6 u 8 horas,
ahora bajan y suben en menos de dos.
Tulio logró además poner a toda la comunidad a
trabajar, hacía convites, los hombres trabajaban con al azadón y la pala y las
mujeres les llevaban limonada o preparaban el sancocho para el almuerzo.
Dice que gracias a ese trabajo en equipo los
recursos les alcanzaron para mejorar otro camino. Tulio es un arriero amable, tranquilo
y muy experimentado, tiene tienda en el Aro y cada jueves baja a surtirla
haciendo uso de su recua de 6 mulas, sube y baja gente, transporta enfermos,
materiales de construcción y hasta los paquetes escolares para los niños.
Gracias a este mejoramiento vial, la vida para
los campesinos del Aro ha cambiado bastante, antes, dice Tulio, por lo lejos que
les quedaba todo, hasta se les llegó a morir un enfermo en el camino.
Ahora confía en que las cosechas de su
Corregimiento bajarán en mejores condiciones y entonces
podrán venderlas mejor, lo que se verá reflejado en sus ingresos y calidad de
vida. Las mulas aún no podrán pensionarse en El Aro, pero las jornadas sí se
les acortaron ostensiblemente.
Y vuelvo con mi eterna reflexión: Esa deuda
social que mantenemos con el campesinado colombiano podría empezar a amortizarse
con iniciativas simples como ésta, pero parece que reporta mejores resultados
destruir el transporte público y hacer dibujitos con pintura de diversos
colores en fachadas de edificios públicos.







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