HISTORIA DE UNA FALDITA (rosada)
Marzo 25 de 2020
Llevábamos un buen tiempo tratando de
reunirnos, pero Magda siempre tenía dificultades, Vanessa, la más interesada y
la más hermosa también, es del tipo scout : “ siempre lista “ y Mery, la prudente y sabia, sólo pidió que no fuera
jueves, día en que adelanta clases de su carrera universitaria.
Nuestras vidas coincidieron en la empresa para
la que aún Magda y yo trabajamos, Vanessa nos acompañó por un buen tiempo, y
ese tiempo lo convirtió en lo que ella es : Alegre, optimista, siempre con una
bellísima sonrisa en los labios, parranderita y encantadoramente borrachita.
Nada grave por supuesto, nada que
influyera en su impecable desempeño laboral.
Mery es todo lo contrario, prudente, seria, no aburrida, de sabias
palabras, opiniones y comentarios, de hablar pausado, pero saboreado, de obrar
como midiendo sus pasos, como planificando sus acciones, bellísima también y
muy, muy amorosa. Excelente hija, cariñosa tía y hermana, y una empleada proactiva y recursiva.
A Mery siempre la percibí como incapaz de
perder la compostura, como siempre en su lugar, como con una madurez envidiable
y nada acorde con su juventud. A mi edad comienzo a sentirme como la mamá de
todos y de todas y a mis tres amigas las veo como hijitas, con ese amor que
todo lo entiende, nada le espanta y casi todo lo celebra, con una conexión más
espiritual que terrenal.
Por fin llegó el día “ D “, decidimos reunirnos
en mi apartamento, pues quería que lo conocieran porque estaba estrenando.
Iniciamos con los abrazos, las adulaciones mutuas, las burlas, de ida y vuelta
también, y el “ desatrase “ , que es la forma como cada una nos pone al resto ,
al día de lo que ha sido su vida, desde el último encuentro.
Vanessa se despachó primero, nos contó en menos
de 5 minutos, su “ enredo “ con un “ man ahí, de Manizales”, un amigo de él , pero ella no
sabía que eran amigos, y ellos menos que andaban “ enredados “ con la mismísima
y preciosa Vanessa, otros dos encuentros casuales y los pormenores de su
excitante trabajo en la editorial. Todo entre risas.
Entonces habló Mery, sin dejar de sonreír, nos
dijo que estaba en un proceso de reconciliación, de perdón, de sanación, tuve
el temor de que estuviera militando entre los Testigos de Jehová. Sin dejar de
sonreír nos dijo que estuvo saliendo con un chico, que como todos los
anteriores, también tenía un hijo.
Que pese a haberse dicho una y otra vez lo
mismo, cayó en lo mismo , entablar una relación con una persona con un hijo,
sin embargo que las cosas iban muy bien, que se sentía feliz, que se entendían,
que ella había pasado algunos días en su apartamento y que tenía una relación
cariñosa con su hijito.
En una oportunidad el joven le dijo que se iba
a ir para una finca de unos familiares con el niño, entonces Mery muy amable,
generosa como siempre, desprendida y
preocupada por el pequeñito le compró alimentos
para ese fin de semana, y de paso también cosas para que su novio la pasara
bien : cervezas, mecato, carnes frías, en fin. Se despidieron amorosamente
prometiendo estar en contacto.
Mery estaba, muy tranquila, el sábado en la mañana haciendo lo que casi
todas las mujeres que trabajamos hacemos los sábados en la mañana : el aseo a
la casa, cuando recibió una llamada anónima, una mujer se burlaba de ella y le
decía que la estaba pasando de maravilla con su novio y tomando cervecitas.
Mi prudente y sabia amiga, la misma que mide
con una regla métrica, cada paso que da
y que analiza con una hoja de Excel cada decisión que toma, cogió de inmediato su moto, así sin cambiarse
siquiera de ropa y sin secarse el jabón de sus manos y salió para el
apartamento de su , hasta el día anterior , novio.
Todo se le dio : Semáforos en verde, dice ella,
cuando estamos cegados por la rabia, hay
evidencia científica de que nos volvemos daltónicos, tres puertas abiertas,
pues su, hasta el viernes anterior,
novio, vivía en un tercer piso , y siempre había que esperar a que de los dos
pisos anteriores abrieran las puertas, ese sábado estaban de par en par todas,
incluso la del apartamento, de su, hasta el día anterior, novio.
Entró y no encontró a nadie, excepto al
perrito, que sintiéndose solo hizo sus necesidades por todo el apartamento. Mery,
mi prudente, sabia y mesurada amiga tomó una faldita (rosada) que encontró en
la cama, que estaba sin tender, y decidió esparcir por toda la casa, haciendo
uso de la faldita ( rosada ) el popo del perrito.
Lo esparció prudente, calmada y calculadamente por todas las paredes, por
la cama y las almohadas, por la sabana, por la cocina, en los tennis de su,
hasta el día anterior, novio. En ellos se ensañó.
En la cocina revisó la basura y encontró en
ella muchos envoltorios de lo que ella les había comprado para que la pasarán
bien en la finca, cuatro latas de cerveza sin su contenido y gran parte del mecato
para el niño.
Entonces haciendo uso de la faldita ( rosada )
, continuó esparciendo el popo del perrito,
ante los ojos temerosos de éste,
por toda la cocina, incluyendo sus trastes. Estando en esta minuciosa,
planificada y estudiada tarea, llegó su,
hasta el día anterior, novio, y ante el espectáculo sólo atinó a decir
preguntando en tono burlón a su hijito: “ Jumm, qué le decimos a Mery”
Mery gritó, lloró, preguntó, reclamó, pero su,
hasta el viernes anterior novio, no le respondió nada que la dejara satisfecha,
no dijo por qué la engañó, ni por qué le había dicho que iba para una finca,
tampoco por qué volvió con la mujer que
había llamado a Mery y que mi amiga creía dueña de la faldita ( rosada )…nada,
todas esas respuestas quedaron ahí, entre el aire aromatizado por el popo del perrito esparcido en todo
el apartamento.
Días después, mi bella y sabia amiga, tratando
de encontrar las respuestas que por ningún lado hallaba, encontró el sitio en
Facebook de la nueva novia de su, hasta el viernes anterior , novio suyo.
Encontró muchas fotos, entre ellas una de la mujer con su hijita, que tenía
puesta una faldita rosada.
Mery lloró más que nunca, lloró hasta el
cansancio, lloró de rabia, impotencia y dolor, lloró por sentirse engañada.
Lloró hasta que no tuvo más lágrimas y fue ahí donde decidió tomar aire y
comenzar su proceso de sanación, sin la ayuda, por supuesto, de los Testigos de
Jehová.
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