¡NUBIA! ¡ ALABADO SEA EL SEÑOR !

 




Sabaneta, septiembre  24 de 2021 

Saludo a todo el mundo, literalmente, así no me contesten, si me piden un favor hago más de lo que me solicitan, tengo fama en mis entornos laboral y familiar de ser bastante generosa, quienes me conocen, SIEMPRE, dan de mi la misma referencia : “ Es muy seria, pero amable”, siempre va el calificativo seria, al principio, sonrío y me rio mucho, hasta de las más grandes estupideces, pero….pero nunca he sido buena para cultivar amistades y menos entablar relaciones con vecinos o vecinas, casi nunca sé quién vive al  frente de mi apartamento o al lado.

Hace apenas unos dos años y medio me pasé a vivir en mi actual apartamento, queda en una vereda de Sabaneta, en una loma de dificilísimo acceso, fuimos, Samuel, mi hijo, y yo, la segunda familia en ocupar ese bloque, y en principio no tuvimos servicios de conectividad, es decir ni teléfono, ni Internet, ni tv por cable y una pésima señal de celular. Nos pasamos en marzo, mes frío y allá por la cercanía con la reserva La Romera, llueve todos los días.

Así que a la incomunicación, sentirnos aislados del mundo, solos en un edificio de 30 pisos, le tuvimos que sumar un frío en la atmósfera que nos contagiaba el alma. Poco a poco llegaron las familias y como el servicio de transporte público era, además, deficiente, cuando salía hacia mi trabajo, me ofrecía a bajar hasta la estación más cercana, a quienes estuvieran en el paradero. Mi pulguita llegó a estirarse de forma increíble, hasta 7 personas, no sé cómo, se acomodaban en él.

Una de estas personas, era Nubia, que se pasó para un apartamento en el mismo piso del nuestro, ella tiene una hermosa particularidad:

-       Buenos días Sandra ¡ Alabado sea el Señor! ¿Cómo amaneciste?

-        Bien y usted doña Nubia

-         ¡Alabado sea el Señor! Sandra, no me digas doña

-         Gracias Nubia

-        ¡Alabado sea el Señor! Sandra que bueno que me puedes llevar

-         Con todo gusto Nubia

-         ¡Alabado sea el Señor! Sandra

Y así, cada dos frases pronuncia ¡Alabado sea el Señor! Tanto que mi hijo decidió llamarla así, madre que alabado sea el Señor te envía saludos, me encontré con ella en el ascensor

Llegó La Pandemia, las cuarentenas, el encierro y todo lo que ya nos es bien conocido y extrañé a ¡Alabado sea el Señor! No volví a verla esperando el bus, ni en el ascensor, ni me volvió a tocar la puerta para venderme arepas… 

En las noches miraba debajo de su puerta a ver si veía luz, le llegué a tocar la puerta  y nada, ¡ Silencio absoluto! Pasaron más de seis meses en los que no supe nada de ella, confieso que temí lo peor.

Ayer salí algo distraída  hacia el ascensor y ¡Alabado sea el Señor!!!  se me escapó  un grito que se escuchó en todo el edificio ¡ Nubiaaaa!!! Le dije y olvidándome de los distanciamientos, los protocolos, las desinfecciones y demás , me le abalancé y la abracé, cuando me alejé un poco vi sus ojos llenos de lágrimas, ¡ Qué alegría verte! Le dije y ella me dijo “ Igualmente Sandrita, Alabado sea el Señor ”, le dije que había temido lo peor, que la había extrañado bastante, me contó que por Covid murió su papá y el de sus hijos, del que estaba separada hacía unos años, y que su madre había desarrollado un cáncer por la depresión que le causó su viudez. Lamenté de corazón todas esas tragedias en una familia, que tengo claro ha sido igual en millones en el mundo.

Me dio emoción mi emoción, mi gesto desprevenido y amable para con Nubia, me sorprendió mi espontaneidad,   el cariño expresado, yo que soy de tantas distancias. Le conté a mi papá y también se le llenaron los ojos de lágrimas. Yo que he cosechado y cultivado, con éxito,  una muy protegida soledad, entendí, en carne propia, lo que sucedió en el Renacimiento.

 “Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor cosa es y casi increíble, los padres y las madres evitaban visitar y atender a los hijos como si no fuesen suyos” ( El Decamerón , Giovanni Boccaccio)

Este apartado doloroso expresa lo que significó La peste negra en Europa, aparecida en el año 1347, que dejó unos 48 millones de muertos en este Continente y debieron padecerla por más de una década. Luego de esta nefasta experiencia los hombres y las mujeres, más conscientes de su vulnerabilidad y de lo efímero de la vida, decidieron querer trascender, entonces florece la pintura, la danza, el teatro ,  la literatura. Se dieron más y mejores obras de arte, más y mejores composiciones musicales, más y mejores libros, el mundo se hipersensibilizó.

Me prometí entonces dejarme fluir, no creo que llegue al punto de hacer empanadas y tocar las puertas de mis vecinos para ofrecérselas, pero es seguro que saludaré con más emoción, hablaré con más entusiasmo, acortaré mis distancias personales y dejaré de medir cada paso, cada palabra, cada acción, cada frase. Deleitaré con mayor consciencia el café y las tardes en familia, haré más chistes a mis compas de oficio... renaceré  ¡ Alabado sea el Señor!

 

 

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