¡ ESTAMPILLADA!
Sabaneta, diciembre de 2021
El verbo estampillar no existe,
por lo menos no como lo usamos nosotros los paisas, la Real Academia Española,
dice de Estampillar “Marcar con estampilla”, léase bien, marcar, no quedar como
una estampilla, que fue lo que me sucedió a mí. Porque por acá, por Medellín y
sus alrededores, cuando alguien cae estrepitosamente, decimos que se estampilló,
es decir que se fue de bruces contra el suelo y quedó, literalmente, pegado a
éste, tal cual una estampilla.
Resulta que comencé a producir el
programa Rodando Caminos de Teleantioquia, que es un espacio en el que un presentador,
y a veces una presentadora, recorren algunos municipios de Antioquia en cicla,
mostrando y recomendando sitios, comidas y lugares de entretenimiento.
Mientras el presentador o la
presentadora se aprendían sus libretos yo les decía que si me prestaban la cicla
para calentárselas y ellos accedían entre sorprendidos y temerosos.
Mis chicos, es decir mis
camarógrafos y sonidista se morían de la risa que su jefe, ya entrada en años,
se montara en la cicla con tanto entusiasmo y sin perder el equilibrio, y comenzaron a grabarme, yo, más divertida
que ellos subía esos videos a mis estados para decir a todos, que se puede montar
en cicla a cualquier edad, disfrutar con el cabello al aire y ser feliz mientras
se considera que la vida rueda como el agua por un canal sin obstáculos.
Mi querido amigo, a quien considero un hermano del alma, Óscar Tabares, que ha vivido más de la mitad de su vida en Holanda, ante mi entusiasmo decidió regalarme una bici. En Holanda las bicicletas son el medio de transporte por excelencia, pues su topografía lo permite, todo el país está diseñado para bici usuarios y Óscar y su hijo tienen por disciplina, por diversión y por deporte salir todos los domingos a rodar más de 4 horas.
La reclamé en un almacén en
Envigado y me dieron unas sencillas instrucciones con el asunto de los cambios,
tranqui, ahí le va cogiendo el tiro, me dijo la vendedora, le pregunté a
César Montes, de Teleantioquia, que me acompañó por ella, y me dijo no te
preocupes a los cambios les vas cogiendo el tiro. El domingo de esa semana
mi primita Samaris me invitó a encontrarnos en la ciclovía y visitar a mis
papás, así lo hicimos, ella salió desde el norte y yo desde el sur y nos encontramos
en Itaguí, cerca a la casa de mis papás, le dije que me había ido bien, pero
que seguía sin entender cómo funcionaban los cambios, a lo que me respondió
enseguida: tranqui, ahí le vas cogiendo el tiro. Que tiro tan difícil terminé
por concluir en mi interior.
Decidí seguir visitando los sábados a mis papás en bicicleta, y ellos viendo el mismo entusiasmo de cuando nos regalaron a mis hermanos y a mí la monareta, unos 40 años atrás, de traído de niños Jesús, me regalaron una pinta hermosa: pantalones de ciclista y camiseta vistosa, toalla para secarme el sudor y termo para el agua.
Al martes siguiente, decidí
visitarlos en la tarde y estrenarme la pinta que me habían regalado. Además de
vestirme con mis adecuadas y nuevas prendas, me hice una trenza toda coqueta,
pues descubrí que cuando se lleva el cabello suelto o en una cola, el aire y la
contaminación lo vuelven una maraña imposible de desenredar.
Bajamos caminando, mi bici y yo, la
loma que hay entre mi apartamento y la vía plana que me saca de la vereda donde
vivo a la Avenida Las Vegas, esta avenida cuenta con bici ruta en ambos
sentidos, así que uno se siente bastante tranquilo, luego tomé el puente que
conecta con Itagüí y cuando terminé de
bajarlo descubrí que había bici ruta y que podría pasar por allí, de forma más
segura, a la autopista, estaba lloviznado, intenté tomarla, pero en lugar de hacerlo
de frente, lo hice como de lado, el caso es que perdí el equilibrio y me fui contra
el suelo, sin posibilidad de reaccionar.
Puse las manos y gracias al uso
de los guantes, no les pasó nada, miré en todas las direcciones y observé como
todos se fijaban en mí, los transeúntes y los que iban en carro, pero nadie me
auxilió. Por un momento pensé entonces que estaba en Japón, país donde no
ayudan a levantar a alguien que se cae, por no ponerlo en vergüenza, sólo lo
hacen cuando el caído pide auxilio. Entonces recordé que estaba en Itagüí, Colombia
y no pedí auxilio tampoco, me paré, me limpié y sentí mi cabello enmarañado y
revuelto por toda mi cara, busqué infructuosamente el caucho que sostenía la trenza
coqueta y no lo encontré.
Me subí de nuevo a la bici y no
quiso rodar, me bajé y al examinarla vi que el extensor pegaba contra los
radios, entonces así, raspada, desgreñada en cuerpo y alma y arrastrando la
bicicleta, seguí hasta donde mis padres. Toque el timbre y le pedí a mi papá
que me acompañara al taller que conociera más cercano, me preguntó que qué me
había pasado y yo para no preocuparlo, porque todo le quita el sueño, le dije
que no sabía, que de un momento a otro se había parado.
Llegamos al taller y el mecánico
la examinó y me dijo “seguramente la trabaste metiéndole los cambios” me
apresuré a decirle que sí, que seguro, pero de inmediato su mirada descubrió mi
sucio pantalón de ciclista, me miró a los ojos y ambos soltamos una carcajada,
le dije que no quería preocupar a mi papá diciéndole que me había caído.
La reparó y comenzó a calibrarle
los cambios, le dije de nuevo que me explicara cómo funcionaban, lo hizo y
concluyó con un pero tranqui morenita, ahí le va cogiendo el tiro, a lo
que mi padre le responde: “Eso está más difícil que manejar doble troque con
tracción trasera y delantera”, todos estallamos en risas.
Pagué el servicio de reparación y
me dice el mecánico de bicis, “Y no se preocupe morenita, se ha caído Lucho
Herrera, Egan Bernal y otros en dominó que arrastran a 20 o 30, no nos vamos a caer
nosotros”
Han pasado 4 días y cada que me
estoy bañando me descubro un morado en distintas partes de mi cuerpo, esa estampillada
fue más violenta de lo que creí. Entendí entonces que montar en bici es como la vida, a veces
vamos cuesta arriba, sintiendo que llevamos el peso del mundo en nuestra espalda,
que estamos solos y que nadie vendrá en nuestro auxilio, a veces rodamos cuesta
abajo, experimentando el vértigo de la caída libre y la sensación de que nada podrá
detenernos y que tampoco lo deseamos, y
a veces vamos por el camino llano, cotidiano, monótono si se quiere, pero
seguro, a veces se cae uno y se da contra el piso y despierta y entiende que
así, y sólo así, es como la vida se aprende.
Si no fuera por tus morados, tu preciosa cabellera enmarañada y la desolación que sentiste al besar el duro pavimento, estallaría en risas. Porque quien traga saliva se puede atragantar y quien desafía las leyes de la gravedad se puede estrellar. Nos caemos al dar un mal paso o pisar una piedresita mal puesta, siendo que caminar es nuestra marca de identidad desde que nos estampillaron el sello de homo erectus.
ResponderEliminar"Afortunada" tú que todo quedó en un leve susto y algunas magulladuras. Nuestra frágil naturaleza, tan grácil en movimientos rítmicos de baile u ocupaciones atléticas, se convierte en un fardo pesado cuando perdemos el equilibrio.
Como dirían mis coequiperos sabatinos y dominicales: te bautizó tu cicla, pagaste la "bisoñada", bienvenida al club de los bicicleteros!
Que sea un motivo para brindar por muchos kilómetros de esparcimiento sano, de escapadas de la realidad mientras contorneas tus piernas y tu figura con tu esfuerzo físico. Que ni la lluvia ni el barro, ni los cambios atorados, ni las vías colapsadas te detengan. Que sean muchos los kilómetros por venir y muchas las faldas por bajar y subir, sin tener que estampillar tu humanidad contra el asfalto...
Siii, esa fue la sensación, que la bici me estrenó a mi! Gracias por tu tiempo y por tu complicidad en todo esto
EliminarQue bueno Sandra andar en bici es de lo mejor, ando viviendo en la ceja y disfruto este medio de trasporte mucho, cosa que aprendí en Argentina Espero que le cojas el tiro a las a cambios je je je
ResponderEliminarEsperemos que sí, en La Ceja se puede rodar de forma deliciosa. Un abrazo!
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