BOLIVAR vs LLORENTE
Resulta que me he vuelto una
llorona. Las penas, los desengaños, el despecho o las traiciones aún no me
sacan lágrimas, pero ciertas situaciones sí. El domingo 7 de agosto de 2022, cuando la
imagen de los soldados de la Guardia Presidencial, vestidos a la usanza de hace
200 años, transportaban en perfecta armonía La Espada de Bolivar, un
estremecimiento me recorrió la piel y las lágrimas, de forma incontrolable,
llenaron mis ojos.
Unos días después no encuentro explicación a esta reacción de mi cuerpo, pues minutos antes, de ese 7 de agosto , frente a la primera orden de Petro: “Solicito a la Casa Militar traer La Espada de Bolívar” una sonrisa espontánea se me dibujó en los labios.
Trabajar en televisión no es sencillo, es apasionante, pero demandante al mismo tiempo, pues por sencilla que sea una actividad, requiere la movilización de una cantidad de recursos de los que a veces, como televidentes, no somos conscientes.
La imagen del traslado de La
Espada de Bolívar era perfecta, el camarógrafo responsable disponía de un
SteadyCam, un soporte que da estabilidad y permite mostrar los movimientos de
manera fluida, pese a esa ayuda, su destreza, el control de los nervios y el
saber que estaba al aire, fueron situaciones que debió manejar con una enorme
maestría.
Pero además de este hecho “detrás de cámara” mis lágrimas fueron el producto de un símbolo poderoso: En 1974, los jovencitos soñadores que imaginaron una Colombia mejor empuñando las armas, se robaron La Espada de Bolívar de la Casa Museo Quinta de Bolívar, en Bogotá, un 17 de enero y dejaron pintada en la pared una frase poética: Bolívar, tu espada vuelve a la lucha. La pretensión de este hecho, mediático, era darse a conocer como Movimiento 19 de abril, el M-19.
La Espada estuvo en la clandestinidad hasta 1991, cuando Antonio Navarro Wolf la entregó de nuevo a la institucionalidad, días antes de instalarse la Asamblea Nacional Constituyente, de la que fue parte del Triunvirato presidencial.
Cuarenta y Ocho (48) años después de robarla y Treinta y uno (31) de haberla devuelto al Gobierno colombiano, uno de esos jóvenes, que hizo parte del M-19, se convertía en Presidente de la República. Esa espada, propiedad de quien ostenta nada más y nada menos que la condición de Libertador, significa que las luchas con causas que nos enaltecen sí tienen sentido, sí son posibles, y que, así como una espada es un arma que puede romper una vida, también puede romper los estigmas, los lastres, las historias políticas corruptas, que tenemos derecho a las segundas oportunidades y que las tragedias o los sinos apocalípticos, también se pueden dejar atrás.
En su discurso de posesión Petro menciona el final de Cien años de Soledad: …” Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra», pero cierra su intervención con unas palabras mágicas que deshacen ese fatídico hechizo que no nos ha permitido paz y bienestar: “Tenemos una segunda oportunidad bajo los cielos de la tierra”.
En algún momento de nuestras vidas hemos escuchado la frase “El florero de Llorente”, que alude a ese hecho que detona un conflicto, una crisis, un desacuerdo. Mis contemporáneos y yo, que tuvimos la fortuna de estudiar Historia, como una asignatura más del pensum académico, tenemos claro el asunto, pero los que tienen menos de 25 años no, por qué no sé a qué mente brillante le debemos el que hoy en las Instituciones Educativas no se dicte esa importante asignatura.
Resulta que el 20 de julio de 1810, de manera premeditada, criollos, hijos de europeos nacidos en América, inconformes con el dominio español, planearon pedir a José Gutiérrez Llorente un florero para adornar la mesa en la que sería atendido Antonio Villavicencio, Comisario Real, que venía a conocer la situación de ésta, entonces, Colonia.
Todos sabían del mal carácter del chapetón, y aprovecharon su negativa de prestar el florero para agitar los ánimos del pueblo y pedir una Junta de Gobierno. Este hecho, algo banal, es lo que todos conocemos como el Grito de Independencia, el punto de partida de una campaña libertadora que sólo se consiguió nueve años después, un 7 de agosto de 1819, en la célebre Batalla de Boyacá.
Por cuenta de estos hechos,
Llorente, comerciante con algo de éxito, debió salir de Santa Fe de Bogotá
hacia Cuba, junto con sus siete hijos, once cuñados, suegra y esposa y,
seguramente, cargar con el recuerdo, hasta el final de sus días, de haber
provocado el inicio de una revolución con la que nunca estaría de
acuerdo. Extraña y tristemente es recordado con su segundo apellido, el materno, que, según los
historiadores, era muy propio de los españoles hacer más uso de éste que del
paterno.
Como el 7 de agosto de 2022 la última orden del expresidente saliente, Iván Duque, fue no prestar La Espada de Bolívar para la posesión presidencial de Gustavo Petro y la primera orden Presidencial de éste fue hacerla traer, propongo que dejemos atrás la frase El florero de Llorente y la sustituyamos por La Espada de Bolívar, cada que queramos encontrar el principio de un proceso reconciliador, de una segunda oportunidad sobre la tierra.
Mucho se ha hablado en los medios de la gran carga simbólica que se dio lugar en la posesión presidencial de Gustavo Petro, pero se les escapó algo: Al momento de los saludos protocolarios a los presidentes y Jefes de Estado de otros países, al final de la tarde, Petro tuvo a su derecha a dos mujeres, una caucásica, imponente, con una elegancia que resaltaba todo en ella, simpática y empática, amorosa, llamativa, inigualable, más hermosa ¡Imposible! Verónica Alcocer, primera dama de la Nación, la otra afrodescendiente, generosa, arrasadora, valiente, voluptuosa, altiva y ahora ¡Dulcemente rebelde! Francia Márquez, vicepresidenta y posible ministra de la Igualdad.
Y esa es Colombia: variopinta,
diversa, distinta, opuesta en color, acción y pensamiento. Y este llamado a
vivir una segunda y merecida oportunidad, a romper la inercia de la historia, nos invita es a eso, a la inclusión, a unirnos
con sensibilidad y solidaridad social, para hacer de estas diferencias el más
enriquecedor complemento.
Les confieso que tuve la tentación
de llamar este escrito, que no es crónica, ni ensayo, ni artículo, Verónica y Francia,
pero basta ya de enfrentamientos, por inofensivos que sean. Creo que ese
trabajo conjunto que unirá, más que nunca, a la primera dama de la Nación con la vicepresidenta, representa hoy lo que
como país debemos ser: Grande, altivo, orgulloso, generoso, simpático y
dulcemente rebelde, desde nuestras evidentes, hermosas y opuestas, pero encantadoras
diferencias.





Maravillosa reflexión mami, en definitiva la espada de Bolívar tom un nuevo significado, una lucha que enaltece, los nadies al poder!
ResponderEliminarAsi es..Una segunda oportunidad bajo los cielos de esta tierra!
EliminarSi aun lloras… es por que esa sensibilidad la dejas plasmada en tus escritos. Gracias
ResponderEliminarGracias por el tiempo dedicado y el bonito mensaje
EliminarBrillante tu recuento y tu mensaje. Colombia aun está muy inmadura en materia de política. Si bien se sabe que más de un tercio de los votos de la oposición fueron comprados, no es vox populi y quedan al menos más de 6 millones de votantes que apoyaron al caos y al odio. Tristemente aún no aceptan lo afortunados que son, de haber visto llegar al poder a un colombiano capaz de unir el país más desigual de la tierra.
ResponderEliminarYo le temo a esas fuerzas oscuras, viles, dominadas por la avaricia, la vanidad y el odio. Fuerzas capaces de destruir, de envenenar, de torcer y maquinar cobardemente.
En mi entorno hice campaña por el cambio, porque creo en gente como tú y como tú hijo, soñadores hacedores, defensores del derecho a una vida digna, por la que luchan sin aspavientos y con calidad, con calidez humana, defendiendo los principios básicos de libertad, igualdad, fraternidad y algo muy olvidado en Colombia, legalidad.
Tenemos un intelectual como presidente, no in idiota servil y una maravillosa vicepresidente, símbolo de la Colombia nueva, aguerridoa, fuerte, trabajadora!
Siempre tus comentarios superan, por mucho, lo que escribo. Gracias por la esperanza, los cuestionamientos y los aportes!
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