COSECHANDO SIN TIERRA
La Comuna 13 de Medellín da para
todo, genera procesos sociales de reconciliación y paz, activa circuitos culturales , fomenta el canto entre niños que lo interpretan en varios idiomas, ofrece recorridos
artísticos por calles llenas de talento y color, incentiva grupos de baile, rap
y dibujo, promueve el hip hop como una forma de expresión musical y social, entre
muchas , muchas otras cosas más, sólo faltaba algo: crear y promover empresas agrícolas…y ya lo están haciendo.
Gracias al apoyo de una empresa de aviación comercial y de una entidad gubernamental, un grupo de 12 madres, cabeza de hogar, cultivan en las terrazas de sus casas lechugas, acelgas y albahacas bajo el método hidropónico, una iniciativa a la que se ha unido, en los últimos días, la Institución Educativa La Independencia del barrio San Javier, para usar su terraza con este programa y crear una línea agrícola dentro de su pensum académico y , abrir así, una nueva posibilidad a los chicos que puedan interesarse en esta área.
Estas terrazas en el momento
recogen unas 500 lechugas semanales, cuya comercialización está asegurada
gracias al convenio con uno de los almacenes de cadena más importantes del
país.
Las huertas alternativas hoy son
el sustento de 12 familias. Quienes hacen parte del proyecto como empleadas,
ven beneficios por todas partes, no sólo cuentan con un ingreso digno, sino que
además ahorran dinero en pasajes, pues en los trabajos que tenían antes debían
desplazarse hasta el otro lado de la ciudad y estar lejos de sus hijos y de sus
necesidades de afecto y atención, los pueden recoger y dejar en sus centros
educativos. Además han aprendido un nuevo oficio: saben de abonos, riegos, ciclos
de cultivo, cantidades de agua, características de las cosechas, fluctuaciones
del mercado, comercialización y cómo administrar una empresa para hacerla
productiva y viable.
Estas mujeres experimentan una alegría adicional: creen que dejan su trabajo, sus conocimientos y sus esperanzas en el lugar al que pertenecen, donde, de alguna manera, siembran y cosechan mucho más que lechugas, creen que están plantando las semillas de un futuro más esperanzador para sus hijos, para las actuales y nuevas generaciones de ese extenso territorio de la ciudad.
Al recorrer estas terrazas, observar lo sencillo de los cultivos, la forma en que han aprovechado los escasos espacios de que disponen, ver el brillo en los ojos de las mujeres que hacen parte de esta empresa y escuchar el entusiasmo con que enfrentan su presente y su futuro, uno no deja de preguntarse por qué no hay más iniciativas como ésta en todo el territorio nacional , por qué no despertamos por fin nuestra vocación y tradición agrícola y empresarial, y por qué no hay más apoyo de las empresas privadas y públicas para que más y más personas, no sólo madres cabeza de hogar, desarrollen empresas de este tipo y dejen de entregar sus conocimientos en contratos que a veces son mal remunerados.
Estas terrazas cuentan con la articulación de muchas entidades, y en especial tienen algo que falta en gran parte del campo colombiano: el aseguramiento de la comercialización de sus productos. Las madres de las terrazas productivas de lechugas, acelgas y albahacas de la Comuna 13 de Medellín, no tienen que preocuparse por los caminos, el exceso de lluvia, las mulas o la compra de sus productos por debajo de lo que costó cultivarlos, tampoco se preocupan de lo que las angustió en el pasado: dejar solas a sus familias. Hoy en lo único que piensan es en que más y más personas se unan, adecuen sus terrazas y la Comuna 13 de Medellín sea reconocida por un elemento positivo más: Ser la gran despensa agrícola de la ciudad.
Querer y poder son don verbos grandiosos, de la manera como se combinen dependen muchas cosas : cuando se quiere se puede, cuando se puede, si no se quiere, nada se logra. Hoy las madres empresarias agrícolas de la Comuna 13 de Medellín demuestran que cuando se QUIERE cultivar y transformar su futuro , ni tierra se necesita.



Conmovedor. Me imagino las manos delicadas acariciando los frutos del esfuerzo, los rostros satisfechos del trabajo realizado, sus ojos brillando de alegría, sus corazones rebosantes de esperanza...
ResponderEliminarAsí es, exactamente así! Más esperanzas que agua reciben esas lechugas, más fe que cuidados, más emociones que abonos, de allí que sean grandes, sanas y , sin duda, deliciosas! Gracias por este comentario y por tu tiempo.
EliminarAfortunados por el hecho de tener una cadena productiva que garantiza una comercialización justa de sus productos; lo que no ocurre en los territorios cuando la intermediación nos tiene jodidos.
ResponderEliminarSi, es cierto lo que anotas, sembrar se puede y como queda demostrado cualquier lugar es bueno, pero nuestros golpeados campesinos siempre encuentran el obstáculo de la comercialización. Y eso es bien lamentable. Gracias por tu comentario y por tu tiempo. Un abrazo!
EliminarUn placer leerte como siempre, genial este tipo de cultivos, me parece que son el futuro de mucha parte de nuestra agricultura y que mejor muestra que este tipo de proyectos tan cerca a la civilización.
ResponderEliminarPor supuesto! Dan hasta ganas de sembrar tomates en el mirador! Ja,ja,ja. Gracias por tu tiempo y este comentario. Un abrazo!
EliminarGracias Sandra por ese sentimiento que imprimes en tus notas sembrando esperanza y sueños posibles. Mi voto por tí.
ResponderEliminarGracias don Oswaldo , esa es la idea, renovar continuamente las esperanzas en la humanidad y en nuestra querida Colombia agobiada y resiliente. Un abracito!
EliminarSe queda uno totalmente conmovido escuchando esta linda historia me hace recordar cómo en unos países súper desarrollados dónde no hay casi agua se las ingenian para sembrar y saber que en nuestro país y en el Departamento que tanto critican nacen una cantidad de cosas maravillosas y tan geniales porque los Paisas somos creativos y espectaculares. Mil gracias hermanita por ese reconocimiento a esas madres emprendedoras y valientes.
ResponderEliminarEsooo, el emprendimiento surge hasta en los terrenos más áridos! Gracias por tan bellas palabras y el tiempo dedicado a mis escritos.
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