SI... HUBIERA

 



Sí es una palabra que indica afirmación absoluta, pero también existe el si condicional, que se escribe sin tilde y que, según la Real Academia de la Lengua Española  “es una conjunción que denota condición o suposición de la cual un concepto depende de otro o de otros, por ejemplo: si corres, llegarás a tiempo”.

Hubiera, según la misma institución, la Real Academia de la Lengua Española, es del verbo “haber” conjugado en primera, segunda y tercera persona refiriéndose a hechos en el que se hacen supuestos de qué habría pasado si el sujeto tomará una decisión diferente”.

 

Combinados, el si condicional y el hubiera: si hubiera, denotan una profunda nostalgia: Si hubiera hablado a tiempo…si hubiera tenido más cuidado…si hubiera callado… Si hubiera salido antes…si hubiera comprado esto o aquello…si hubiera decidido quedarme…

Para el caso de Latinoamérica, incluirle  la palabra no a una frase especulativa que me ronda en la cabeza desde que tengo uso de razón, me pone a divagar sobre cómo hubiera sido nuestra historia, si no hubieran llegado a nuestras tierras los nefastos conquistadores: españoles, portugueses, ingleses y franceses.

O si hubieran llegado como lo hizo Marco Polo a las tierras del gran Gengis Kan, el descrestante imperio Mongol, sólo con la intención de establecer una ruta o un intercambio comercial. Si hubieran respetado nuestras tierras, su tenencia, nuestros usos, costumbres y tradiciones y sobre todo, si el oro no hubiera sido el mayor objeto de sus afiebradas ambiciones...

 


¿Qué clase de pueblos, países o repúblicas tendríamos? ¿ Qué tipo de personas seríamos sin esa mezcla maligna de escoria que arribó por hordas a acabar con todo, como langostas hambrientas? Y es que, según las crónicas de indias y las investigaciones contemporáneas, literalmente llegaron hambrientos. Con hambre en sus estómagos cansados de amansar pobreza en Europa, con hambre de gloria y reconocimiento y con hambre del precioso y delicado metal dorado. 

Después de acariciar por unas cuatro décadas el sueño de conocer Machu Picchu, en Perú,  el anhelo se me hizo realidad. Como la reencarnación me parece una teoría coherente y bastante esperanzadora, tomé la decisión de creer en ella casi desde las mismas décadas que llevaba obsesionada con visitar esa hermosa y pequeña ciudadela Quechua. Y cuando la avisté por primera vez, me dirigí a sus vestigios y atravesé su entrada principal, sentí, de manera muy fuerte y emotiva, que estaba regresando a mi hogar, a mi lugar, a mi sitio, a lo que fuera hace siglos los terrenos que recorrí en otra pacífica y feliz  vida.

Es seguro que no viví allí, que la reencarnación no existe y que soy una lunática, pero conocer esa bellísima y bien pensada arquitectura, los cálculos de ingeniería que se debieron tener en cuenta para que más de 500 años después muchas de sus construcciones estén en pie, la disposición de los techos para la entrada natural de la luz o cómo se proveían de agua limpia y alimento, lo deja a uno con un dolor en el alma, por lo que hubieran sido nuestras naciones sin ese asalto sangriento, asesino, descarado, desvergonzado, inculto, irrespetuoso y nefasto de los españoles , por el que esa Nación, España,  nunca  ha pedido perdón, ni nos ha resarcido como es debido.

  


Quienes conocen Machu Picchu saben de lo que hablo, quienes no, los invito a incluirle en sus viajes pendientes. En esta ciudadela hay evidencia científica de la existencia de una Escuela en la que se enseñaba Ingeniería, Arquitectura, Agronomía, Astronomía y Medicina. Vivían unas 400 personas, en sus alrededores disponían de terrazas para el cultivo de sus alimentos y sus viviendas eran pequeñas porque lo más importante era la vida en comunidad: el templo, el observatorio astronómico y la plaza principal poseen espacios generosos.

Todo parece indicar que sus habitantes la abandonaron cuando recibieron noticias de la llegada de Pizarro a Cusco, del asesinato de Atahualpa por orden de ese conquistador y la esclavitud a la que fueron sometidos los Quechuas, los Aimaras y los Incas, familia real de este gran Imperio, que se extendía desde Perú por el norte hasta lo que hoy conocemos como Ecuador y por el Sur hasta los límites de lo que en la actualidad es Chile.  

 

Si bien es cierto que a la llegada de los asaltantes españoles, portugueses, ingleses y franceses encontraron pueblos más primitivos , había otros verdaderamente avanzados, más incluso que muchas sociedades europeas. En México Los Aztecas, en Centroamérica Los Mayas y en Suramérica Los Incas, quienes gobernaban a los pueblos quechuas y aymaras,  se destacaron por sus construcciones que hoy son admiradas en el mundo entero, contaban  además con una  organización social, política, económica y cultural envidiable y formas de gobierno que daban cuenta de su preocupación por el bienestar común. 

Existían pueblos que realizaban sacrificios humanos, y fue uno de los tantos argumentos que dio la escoria española para justificar sus desmedidas acciones, pero ¿Serían diferentes a las ejercidas en el circo romano con los cristianos?  Sólo por poner un ejemplo. En todo caso estábamos muy bien sin ellos y de no ser por ese asalto violento en extremo, es seguro que hoy nuestro presente sería totalmente distinto. Habríamos seguido nuestro curso con más aciertos que desaciertos. 

Distinto a este trasegar sin encontrar rumbo. Las naciones latinoamericanas no logramos reponernos de ese impacto que, más de  500 años después,  nos deja sin identidad definida, una mezcla que no nos enriqueció, que nos restó en lugar de sumarnos, que nos dejó sumidos en la desesperanza, la incredulidad, la indiferencia  y la falta de solidaridad.

 


No nos sentimos de aquí y menos de allá, poco valoramos lo nuestro, y en el caso particular colombiano ser comparado con un indígena es poco menos que un insulto, cuando, está comprobado, valores como el honor, la nobleza y la rectitud estaban presentes en los indígenas que creyeron en las palabras de los conquistadores, basadas en el engaño, la traición, la ruptura de supuestos acuerdos, las emboscadas. Las terribles, estratégicas  y exterminadoras empresas españolas fueron posibles por la lmipieza de alma de los indígenas americanos. 

Tanto maltrato, dolor y sentimiento de traición se nos clavó en la sangre, entonces decidimos no creer, ni siquiera en nosotros mismos y hoy nuestras historias comunes, desde México hasta La Patagonia son de truculencias políticas, inestabilidad social, auto traiciones. Porque ¿Qué es la corrupción sino una traición a nosotros mismos? ¿Un acto de sabotaje a la posibilidad de bienestar para todos? ¡Lo hemos intentado todo, desde la lucha armada hasta las posiciones de izquierda, las de centro, las de derecha y nada! Nada que logramos encontrar el rumbo.

Idealista, lunática y soñadora como soy, quisiera proponer a mis lectores latinoamericanos  enamorarnos de nosotros mismos, de nuestras lindas, sencillas y sabias raíces,  volver a los orígenes, encontrar en nuestros genes aquel conocimiento ancestral invaluable  que un día nos hizo envidiables, admirados, temidos y respetados, tanto que se dieron a la tarea de arrasar con todo: lo construido, lo preservado en escritura, los transmitido oralmente y nuestras increíbles  y abundantes riquezas naturales y materiales.

Hoy deseo que entendamos lo que fuimos, siendo conscientes de lo que nos arrebataron, para sencillamente elevar nuestra condición y redefinir el rumbo, tenemos con qué: riquezas naturales ( aún no se han agotado pese al saqueo), valores que nos ennoblecen  y una histórica y memorable sabiduría que, a no dudarlo,  sigue presente en nuestras venas.

Comentarios

  1. Me emocionó este texto Sandra. Destila respeto por nuestra memoria histórica. Ruego a la Pacha Mama que seas escuchada y entendida…

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Es seguro que este increíble deseo y generoso comentario será escuchado por la Pacha Mama. Un abrazo!

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  2. En definitiva aquel fátidico hecho marcó nuestra historia y que tan diferentes seriamos de no ser por ello, quizás más puros, quizás más sabios, nobles y conectados con nuestra madre tierra

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    1. Tengo la absoluta certeza que así sería, ahora nos queda retomar el rumbo teniendo en cuenta que llevamos en nuestras venas un pasado glorioso!

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  3. Qué lindo es admirar con ojos propios la grandesa y ponerla en la justa dimensión, sin tener que recurrir a clichés baratos como "huellas extraterrestres". Somos herederos de de grandes espíritus. Si seguimos su ejemplo y ponemos nuestra piedritas en orden podemos volver a alcanzar la gloria.
    "¿Qué es la corrupción sino una traición a nosotros mismos? ¿Un acto de sabotaje a la posibilidad de bienestar para todos?" Me queda como el reto mayor, para alcanzar nuestra propia superación. Luchemos por acabar con la corrupción, cada uno de nosotros puede pulir su propia piedrita de modo que encuentre su sitio en esta gran construcción que es el futuro de nuestro pueblo. Gracias Sandra.

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    1. ¡Exacto! ¿ Cuáles extraterrestres? Eso es desconocer la inteligencia y sabiduría que nos fue arrasada! Éramos superiores en muchos sentidos, teníamos lengua, escritura, religión, capacidad organizativa, respeto por el otro y por la naturaleza. Y es verdad el reto es rescatar lo robado y redefinir el rumbo con la determinación de hacerlo por el bien de todos. Gracias por tu tiempo, por tus comentarios y por tu sabia reflexión.

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  4. Se siente un dolor inmenso en el corazón luego de disfrutar de esta enriquecedora crónica. Tristeza e impotencia por lo que ocurrió y sigue pasando, talvez no somos los directamente culpables pero si dejamos la indiferencia podemos empezar a cambiar lo que queremos,pero el cambio empieza primero en nosotros. Para ti hermanita siempre mi admiración y respeto.

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    1. Asi es, siempre se puede comenzar, enderezando lo construído y redefiniendo los planes, teniendo en cuenta nuestra grandeza, lo que nos unió en el pasado, puede ayudarnos a vislumbrar un mejor futuro. Un abracito!

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  5. Muy acertada la definición de "asaltantes" y no de conquistadores como siempre los han llamado, destruyeron la historia, sus conocimientos, como sus creencias religiosas, pues tenían sus propios Dioses ...

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    1. Teníamos TODO, una religión más inteligente y coherente: El Dios Sol, la Diosa Luna, el Dios de la lluvia y las cosechas, los veíamos, los sentíamos y nos ayudaban. El Dios que nos dejaron ahora es lejano, distante, nunca lo vemos y además es castigador. Teníamos lengua, escritura, organización política, economía. Un sistema donde había para todos. Ellos los conquistadores nos llenaron de probreza, inequidad y desesperanza. Gracias por tu tiempo y comentarios. Un abrazo!

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  6. Sandra , gracias por traernos a reflexionar con el texto, muy válido todo lo que dices y me quedo con la imagen de un gran imperio que vivió en ese época debió ser de ensueño. Mil gracias

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    1. Claro Camilo, era de ensueño, de gloria, de principios y valores hermosos, de una organización increíble y de gran sentido estético y ético. Un abrazo y gracias por leerme.

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  7. Excelente descripción, todo muy interesante.
    Me gustaron mucho estos comentarios:
    “ Como la reencarnación me parece una teoría coherente y bastante esperanzadora…”
    “ valores como el honor, la nobleza y la rectitud estaban presentes en los indígenas que creyeron en las palabras de los conquistadores, basadas en el engaño, la traición, la ruptura de supuestos acuerdos, las emboscadas…”

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    1. Carlos mil y mil gracias por tu tiempo. Eso es, hasta los valores nos arrasaron. La idea hoy sería volver a ellos y enrutar nuestros destinos, encontrar en las raíces nuestra grandeza, dejar a un lado la violencia y resolver, por fin, el futuro hermoso que nos espera.

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