POBRECITO DIOS

 


Tenemos referencia de la historia de la humanidad gracias a escritos, pinturas, jeroglíficos, tradiciones orales, en fin. Todas las culturas, sin excepción, han dedicado parte de sus preocupaciones a definir aquello que constituye su espiritualidad, eso que no vemos, ni tocamos, pero que sentimos como un fuego, cierto calorcito o inquietud, al interior de nuestro ser.

Y Dios ha sido la preocupación más grande en medio de todo ello, que si existe, que si no, que si es uno, que si son varios, que si hay dioses para cada solicitud o uno sólo que las resuelve todas, que si está en todas partes o que si hay que buscarlo en algunos lugares específicos como templos o lugares sagrados, que si ordena matar a los que no creen en él o que si los perdona a todos. Y en su nombre, en el de Dios, sin ninguna evidencia científica, unos y otros se han matado, olvidando incluso que les unen vínculos de sangre.

No conozco en absoluto nada de religiones, apenas si un poco de la Católica, y eso porque crecí en un hogar en el que aún se practica, pero   siempre me ha parecido una extraña religión, porque literalmente, predica pero no aplica: tiene como personaje eje al hijo de un humilde carpintero judío que habló cosas hermosas, tan bellas como éstas: 

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éste. (Marcos 12:30–31)

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien y prestad, no esperando de ello nada; y vuestro galardón será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y los malos. (Lucas 6:35)

Y al que te golpee en la mejilla, preséntale también la otra. ( Lucas 6:29–30) 

Entonces Pedro, acercándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?  Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete ( Mateo 18:22)

Sin embargo, y aquí viene lo que no entiendo : esa misma religión, la católica, que se guía por la enseñanzas de Cristo, el hijo del humilde carpintero,  ha liderado movimientos como  las cruzadas o la Santa Inquisición, que de perdón, benignidad y amor al prójimo nada tuvieron.

¿Entonces? ¿Dónde fueron  a parar todas esas enseñanzas? En Colombia, país que por décadas tuvo como religión oficial, definida así en la  Constitución Política de 1886, al catolicismo, parecemos guiarnos, aquí sí con toda  la evidencia científica que dejan todo tipo de informes y conteos de violencia,   por la Ley del Talión, "Ojo por ojo, diente por diente”. Y hasta me parece que, ahí sí, vamos más allá: Si a alguien le lastiman un ojo, no ha faltado quien saque un arma y acabe con la vida del agresor, si en una riña le tumban un diente, han linchado en conjunto al que comete ese delito. En la catolicísima Colombia se mata por un celular, un reloj, una pulsera. Se quita la vida a un campesino a cambio de  una caja de arroz chino o por  una salida a descansar.

En nuestro religioso país se asesinan a las personas que no quieren seguir al lado de parejas maltratadoras, se acaba con la vida de un niño por no pasarle la cuota alimentaria y se mata a una persona por seguir una convicción política, social o ambiental.  En Colombia la Ley del Talión no ha tenido límites.

No sólo no ponemos la otra mejilla, sino que ante una ofensa, arremetemos, literalmente, con toda la artillería.

Frente a la actual situación de Israel y Palestina, me cuestiona la información, marcadamente tendenciosa de los medios de comunicación, defendiendo lo indefendible : el accionar desmedido de Israel.  Lo primero que aclaro es que no soy ProPalestina, pero NUNCA estaré de acuerdo en que se ataque a la población civil, ni en Palestina, ni en Colombia, ni en ninguna latitud del mundo. Los recientes acontecimientos involucran al grupo terrorista Hamás, a quien Israel debería estar atacando, ahí sí, con toda su artillería y conocimientos militares, no bombardeando los hospitales de Gaza, el último pedazo de tierra que les queda a los Palestinos y que se niegan a entregar a costa de sudor, sangre y lágrimas, muchas lágrimas.

La guerra es contra Hamás. Los pequeños productores agrícolas y sus tierras, los barrios empobrecidos, las mujeres indefensas y los niños en sus escuelas, NO son el enemigo. Ellos también son víctimas del accionar de un grupo que usa las armas como única posibilidad de hacerse notar ante el mundo con un clamor: Palestina también merece un territorio.  NO APOYO SU ACCIONAR, pero comprendo sus razones. ¿O usted qué  haría si acoge en su casa a un hermano medio, le calma el hambre y el cansancio y luego ese hermano lo saca a usted de su propiedad a la fuerza, se quedaría tranquilo?

Hace apenas unos días los medios colombianos cambiaron su lenguaje, ya no hablan de la guerra entre Israel y Palestina, si no entre Israel y Hamás, aplaudo la aclaración.

Esta historia todos la conocemos: En 1947 la recién creada Sociedad de Naciones ( hoy Organización de Naciones Unidas)  por votación, acoge una propuesta de 1917 creada por Inglaterra. Esta propuesta se conoce como la Declaración de Balfour que reconocía el derecho de los judíos a reconstruir su antigua patria en territorios de Palestina.

La votación tuvo un claro tinte de compasión y misericordia, dado los vejámenes que los nazis cometieron con los judíos durante la segunda guerra mundial, finalizada apenas 2 años antes de esta Declaración (1945), vejámenes que se conocen como El Holocausto, la estrategia más compleja y aberrante que se ha conocido, hasta ahora, en la historia de la humanidad, con la intención de depurar la raza aria de todo vestigio judío.

Se calcula que unos 6 millones de judíos fueron asesinados en los campos de concentración nazis de Alemania.

Ni palestinos ni israelíes quedaron muy contentos con la repartición que hizo la entonces Sociedad de Naciones : Los dos estados tendrían una extensión  de 80 kilómetros, cada uno, desde el Mediterráneo hasta el río Jordán. Y Jerusalén sería considerado un territorio independiente, ni judío ni palestino, algo así como una ciudad del mundo. ( https://cnnespanol.cnn.com/2023/10/16/origen-conflicto-israel-palestinos-orix/) 

En 1964 nace la Organización para la Liberación de Palestina ( OLP) liderada por el célebre Yasser Arafat, que sostuvo decenas de encuentros con diferentes líderes del mundo en la búsqueda de soluciones negociadas a la situación de su amado país. A sus luchas y clamores políticos, Israel contestaba militarmente, la más popular de sus respuestas fue la llamada nefastamente la guerra de los 6 días, que despojó a Palestina de la mitad de su ya, diezmado territorio, y se apropió de la península del Sinaí, los Altos del Golán, Gaza y la Ribera Occidental.

Israel para nada fue consecuente con el gesto generoso y amable que el mundo tuvo para con él y en respuesta a ello comenzó a arrinconar , desalojar, despojar, empobrecer y asfixiar a los palestinos.

Lo que poco se ha dicho  de Hamás es que fue creado y apoyado, desde 1987, por Israel, para oponerse a las acciones de la OLP, según el general israelí Yitzhak Segev. Hoy este grupo cuyo nombre  traduce entusiasmo o fervor se ha convertido en el principal enemigo de sus fundadores y llevaron más allá las acciones de Yasser Arafat,  volviendo la causa palestina  un sentimiento nacionalista por recuperar su territorio a sangre y fuego, pues, como ha quedado históricamente demostrado, por la vía del diálogo nada consiguieron. Aquí otra vez se pone en tela de juicio la funcionalidad de la ONU.

Lo paradójico de todo esto es que israelíes y palestinos dicen actuar en nombre de su Dios. En Israel, que son judíos, se guían por los designios de Yavhé y los palestinos, musulmanes en su mayoría, obedecen a Alá. Pero ambos pueblos tienen un personaje histórico y religioso en común: Abraham. 

Según la Biblia Abraham tuvo dos hijos, Ismael, el primogénito, concebido con su esclava Agar e Isaac, segundo, nacido de su esposa Sara. Los palestinos descienden de Ismael y los judíos descienden de Isaac.

Musulmanes y judíos reconocen en Abraham al gran Patriarca de su Fe, así que genealógicamente hablando estamos presenciando al enfrentamiento de descendientes de dos hermanos.

Comencé este escrito hablando de las palabras de Cristo y lo voy concluyendo contándoles de los 5 preceptos que Mahoma, reconocido como el profeta por excelencia del Islam, dejó como enseñanzas a sus seguidores:

1. La profesión de fe, 'No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta'
2.Orar 5 veces al día mirando a La Meca
3.Ayunar durante el mes sagrado del Ramadán
4.Dar limosna a los pobres
5.Peregrinar a la Meca al menos una vez en la vida

 

Ni Cristo, ni Mahoma hablaron nunca de acabar con la vida de quienes eran o pensaban diferente. ¿Y Cuántas guerras en el mundo se han llevado a cabo en el nombre de Dios? ¿Cuántas cruzadas o Inquisiciones? ¿Cuántas Yihads?


Yo estoy absolutamente segura que somos un experimento, bastante fallido, de una civilización superior. Pienso en Dios, si es que existe,  y me invade una profunda tristeza, cual decepcionado debe vivir de la inconmensurable e infinita estupidez de  hombres y mujeres, pero, sobre todo, cual será su dolor  al ver como utilizan su nombre  para emprender cruzadas de sometimiento y exterminio. Absurdo desde cualquier punto de vista religioso, político, social…humano.

Comentarios

  1. Estupefacta ante tanto odio en nombre de Dios. Israel se ha ensañado ante una población que ha sufrido por décadas la opresión y arrinconamiento a la vista de todo el mundo.

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    1. Claro, así ha sido, lamentable y condenable. Gracias por leerme. Un abrazo!

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  2. Maravillosa reflexión como siempre mami y gran contexto histórico del panorama político, social, da muchas luces del conflicto, sus lamentables origenes e invita a re pensarnos como humanidad. Orgulloso de ti

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