HISTORIA DE UNA PALOMA...DE LA PAZ

 


La paz en Colombia, como lo he dicho unas chorrocientas veces en este Blog, es noticia en el país desde hace más de 200 años, 215 para ser exactos por estos días,  y es noticia permanente, precisamente porque nunca hemos vivido un sólo día de  armonía en este lindo y bendecido territorio, bendecido en todo y por todo, menos en eso de vivir tranquilos.

Ahora la noticia de la paz gira en torno al ambicioso anhelo del actual gobierno de Petro : La paz total, ese deseo trae  a mi memoria una anécdota tragicómica  vivida en mi barrio ubicado al sur del municipio  de Itaguí, Antioquia, que evidencia, VEHEMENTEMENTE, por qué en Colombia no tenemos paz, ni, muy a mi pesar, la tendremos  en el próximo Siglo.

Corría el año 1984 y en un arrebato emocional, idealista, propio de un poeta como lo era el Presidente Belisario Betancur, decidió también  llamar a la paz total, y convocó a que todos los colombianos  dibujáremos una paloma, símbolo de la paz, para un domingo en específico y  en cualquier parte: en las puertas de las casas, en las ventanas, en los muros, en las calles, es los parques. Su campaña pretendía decirle a los grupos ilegales armados, con ese gesto, que los demás colombianos, los que no estábamos alzados en armas, la mayoría según él, sí queríamos la paz.

Mi barrio  no iba a ser  la excepción, y fueron los mariguaneritos, que por aquella época no pasaban inadvertidos, quienes abanderaron tan noble causa, pasaron casa por casa recogiendo la colaboración para las pinturas, las brochas y los honorarios para un conocido pintor, de brocha gorda, de nuestra pequeña comunidad, quien dirigiría la obra.  Nuestra paloma de la paz  se realizarían para el sábado siguiente, así el domingo decretado desde la Presidencia de la República tendríamos el símbolo listo. Días después nos enteramos que la mitad de lo recogido había sido destinado a la fumarreta previa a la realización de la paloma, seguro estaban buscando inspiración, dijimos entre risas.

Con el resto de los fondos pusieron manos a la obra, el pintor, de brocha gorda, dibujó en la calle más central  del barrio una gran silueta de una paloma,  así que se  cerraron  las cuatro esquinas que abarcaban el símbolo de la paz, buses de transporte público y carros particulares debían desviarse, pero eso no les importó, nadie protestó, la obra y el llamado presidencial merecían cualquier molestia.

Nuestra paloma era inmensa, no era cualquier palomita, el pintor comenzó a dirigir a los niños, unos pintarían sus alas y cuerpo, absolutamente blancos, otros los ojos, azules, otros el pico y las patas de color negro, El entusiasmo era contagioso, los adultos observaban, las señoras se unieron e hicieron limonada para hidratar a los pintores. Unos opinaban si los ojos deberían ser azules o verdes, el pintor dijo que no habían comprado pintura verde ¡ nada qué hacer! Igual estaba quedando hermosa, la verdad recuerdo que la tarde estaba brillante, soleada y esperanzadora.

Eran algo así como las 4 de la tarde, mi madre y yo que veníamos de hacer unas compras en el parque  nos detuvimos, por supuesto,  a observar la obra que, de alguna manera, también nos pertenecía por el aporte económico que habíamos realizado: 1000 pesos.

De pronto vemos que un carro avanza hacia el lugar donde se pintaba la paloma sin hacer caso a las barreras que bloqueaban una de las esquinas, ante los gritos de la gente el conductor, bastante borracho, se baja del vehículo e intenta quitar las barreras, por su estado no  fue capaz de lograrlo, entonces entre gritos y abucheos se sube de nuevo a su vehículo, acelera,  tumba una de las barreras y pasa por encima de la paloma dejando las huellas de sus neumáticos sobre la pintura blanca y fresca de nuestro símbolo de la paz. Es de anotar que por aquella época cualquiera podía conducir estando ebrio sin que eso le generara siquiera una sanción.

Cuando los niños y adultos ven el desastre en que se había convertido su obra maestra, empiezan a tirarle piedras al carro del borracho, que ahora no sé de dónde salieron tantas, porque las calles de Itaguecos estaban recién pavimentadas. Una de esas piedras, como era de esperarse, rompió el parabrisas del carro del borracho y le abrió la cabeza, por lo que éste tuvo que frenar en seco e intentar protegerse agachándose y cubriéndose con sus manos.

Pero el empedramiento no paró allí, todos se ensañaron con el atrevido que había maltrecho el símbolo de la paz, el carro quedó totalmente averiado por los proyectiles rocosos, el parabrisas y los vidrios del resto de las puertas rotos, al cabo de un rato algunas personas, ajenas a los hechos, sacaron al borracho del carro y lo metieron en un taxi para llevarlo al hospital más cercano.

Una  exvecina nuestra, recién llegada  a una casa de  las calles cercanas al acontecimiento  que les cuento, se dirigió a mi madre con una frase que se convirtió en un  chiste familiar y que la pronunciamos cuando una situación se nos hace incomprensible : “ En qué barrio hemos caído doña Genny”. Aunque era una adolescente le respondí, en mis pensamientos por supuesto, Bienvenida a Locombia, exquisita señora.

Y así  quedó la paloma de mi barrio, blanca con neumáticos marcados en su barriguita, herida en su cuerpo y en su esencia. Un gesto de paz malogrado por la indiferencia de un borracho y la intolerancia de toda una comunidad.

Esta anécdota reflejó en su momento y lo sigue evidenciando hoy más de 40 años después que , en esencia, los colombianos ni  queremos la paz, ni comprendemos por qué se hace inminente y,  mucho menos,  la anhelamos  desde el corazón. No nos importan los soldados asesinados, jóvenes de 18, 19 o 20 años, menos nos importan los guerrilleros dados de baja, que en la generalidad son campesinos reclutados forzadamente, no nos importan los huérfanos o las viudas que deja este conflicto desenfrenado e irracional.

Poco a poco las demás palomas, esas pintadas en las puertas, murales, ventanas o carteleras de colegios se fueron desvaneciendo, diluyendo, reflejando lo que sucedía y sigue sucediendo en el país : seguimos siendo un pueblo pendenciero y pelotero como bien lo dijo Baldomero Sanín Cano alguna vez. El símbolo del querido expresidente no tuvo ningún impacto en la situación del país.

Sólo aquellas naciones que se han comprometido en un gran acuerdo nacional, en una ley de punto final o de perdón y olvido logran verdaderos avances en ese sentido. Y, en ese gran acuerdo, se requiere que quepamos todos: trabajadores, estudiantes, guerrilleros y paramilitares, lea delincuentes si eso lo deja más tranquilo, jóvenes, niños, adultos, que deseen desde el corazón la paz para el progreso y la equidad.

Se requiere que nos traguemos sapos, que aceptemos lo que se nos antoja  inaceptable, se requiere que  usted que me lee y yo que le escribo también hagamos hasta lo imposible:  un compromiso irrenunciable  para que algún día nuestro bello territorio también sea bendecido por la tranquilidad que todos merecemos.

*Ilustración : Samuel Gómez Jaramillo - @sagolloart

Comentarios

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    1. Cuál paz? Es cierto, que duro la tenmos los colombainos, gracias por tu tiempo.

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  2. Excelente tu crónica. Divertida, dramática, grata de leer. Soy Alberto Morales. Felicitaciones y abrazo.

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    1. Don Alberto, un honor que me lea y que considere que es un buen relato. Un abrazo

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  3. Tal cual prima, este país nunca va a lograr la paz mientras existan tantos intereses mezquinos y corruptos, muy triste por nuestro bello país.

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    1. Es una lamentable realidad, hay que poner de nuestra parte para ofrecer a las generaciones futuras una Colombia más viable

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  4. Esperemos que, los que ansian una paz real y están dispuestos a sacrificar sus annhelos personales. anulando las emocionalidades. se impongan.

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    1. Óscar esa es la idea, sacrificar lo que sea necesario, la paz lo vale todo. Un abrazo"

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  5. Hola niña esa historia la vivimos juntas y desde ese tiempo estamos anhelando esa Paz que no llega pero con todo y eso aún reconociendo todo lo triste que ocurre en mi País pienso que es hermoso y hayu ha gente con valores todavía.

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    1. Tan linda, gracias por sacar tiempo para leerme y recordar cosas de nuestra infancia. Un abracito

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  6. Espero que en algún momento esa paloma nos traiga la tan deseada paz.
    Que sintamos ese amor por el prójimo, y que aprendamos que podemos vivir en comunidad y ayudándonos mutuamente .
    Muchas gracias Sandra por compartir esas anécdotas que ya llevan tantos años construyendo la historia de nuestro país.

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    1. Gracias a ti por el tiempo y el comentario. Se requieren hechos más contundentes en este bello país.

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  7. Sandra, qué bueno verte por aquí de nuevo!! Me asalta una emoción única! Disfruto con fruición tus escritos. Siempre te apareces con buenos temas, este con sentido crítico pero sazonado con el buen humor que te caracteriza. Está vez, te vienes con un tema que hoy caldea los ánimos: y es esa Paz tan esquiva para los colombianos. Me lo leí con una mezcla de desazón y melancolía .Con la anhelada paz, me confundo, no sé si es una utopía, una distopía o sencillamente vivimos el mito de Sísifo. Eduardo Galeano, decía "Una utopía es como el horizonte, camino dos pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces para qué sirve la utopía? para eso, para caminar",.Lo que dice Galeano, es cierto, pero ya hemos caminado mucho!!. Se hacen esfuerzos, pintamos no pajaritos en el aire sino una paloma en el piso y se nos aparece el demente que llevamos dentro que a su paso destruye todo!!. No pudo ser mejor la descripción que nos hace la cronista: Esa es la forma más simbólica y gráfica de lo que ha sido la búsqueda de la paz en Colombia, que no sé si reír o llorar. No quiero pasar de pesimista pero la paz en Colombia es una distopía.
    Sandra, un abrazo!!
    FLM

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    1. Muy generoso y estructurado este comentario. El tema es pertinente y lo será por las próximas décadas. Gracias mil por compartirla también. Un abrazo!

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  8. Hay, cuando menos un par de ideas de las que se puede conversar con base en esta entretenida crónica, pero pienso que una de ellas es fundamental por los cuestionamientos que produce: "el perdón".

    Fue inevitable que pensara en ello al leerla. Lo hice desde 2 visiones que me interesan mucho: Hannah Arendt y Jacques Derrida.

    Para Derrida la paz en Colombia no podría ser solo un "perdón" político o jurídico que busca pasar la página. El perdón puro, si es que existe, debería ser un acto de las víctimas que perdonan lo imperdonable, sin que esto se convierta en una herramienta para el olvido o la impunidad. Nos invitaría a pensar en la paz como un proceso que no busca normalizar el pasado, sino reconocer su carácter extraordinario y doloroso.

    Para Arendt la paz requiere que los colombianos, como sociedad, se liberen del pasado para poder construir un futuro común. El perdón es la herramienta para romper el ciclo de la venganza y permitir que los excombatientes y las víctimas puedan tener un nuevo comienzo. La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la construcción de un espacio político donde el perdón y la promesa sean posibles.

    Pero te comparto algunas preguntas sobre este asunto que podrían acompañarnos:
    Si el perdón de Derrida es incondicional, ¿cómo se diferencia de la impunidad?

    Si Arendt dice que perdonamos a la persona y no al acto, ¿qué pasa con los crímenes que deshumanizan de tal manera que el "quién" parece haber desaparecido?

    En el contexto colombiano, ¿quién tiene la autoridad para perdonar: las víctimas, la sociedad, el Estado? ¿Puede un "perdón social" reemplazar el perdón de la víctima?

    ¿Es la paz una condición para el perdón, o es el perdón una condición para la paz?

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    1. Yulian!!! Mejor este comentario que mi historias, je,je,je. Gracias por los planteamientos y por la invitación a reflexionar de una forma más profunda y trascendental. Muy enriquecedores los planteamentos, creo que me das temas para futuros escritos al respecto. Gracias por tu tiempo y un abrazo!

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  9. El alcohol conduce a la idiotez y si un idiota conduce alcoholizado, cualquier desastre puede suceder. Muy simbólico destruir una imagen de paz en un país donde es utópico ese estado básico del progreso. Afortunadamente no se perdieron vidas humanas. En otros lugares del país han sido otro tipo de figuras sin valores ni moral, donde sí se han perdido miles de vidas, donde la paz se ausentó sin retorno.
    Entonces son figuras con mucho poder las que han arrollado la paz, y el desarrollo social y las que, enajenadas destruyen vidas y entorpecen el desarrollo del país.
    Cualquier iniciativa para conseguir la paz, es un paso gigante hacia el progreso.

    Gracias Sandra por tu granito de arena, la paz es la base del amor, la solidaridad y el progreso.

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    1. Hola! Si , de un lado como lo anoto la indferencia de un borracho y de otro la intolerancia de todo un barrio que mientras dibujaba una paloma de la PAZ, actuó de forma tan violenta, eso para mi explicó y explica muchas cosas! Un abrazo y gracias por tu tiempo.

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