Orobajo, Sabanalarga...por el Cauca en panga.





Diciembre 10 al 13 de 2013
 Orobajo!!!! Mi camarógrafo tardó dos días en llegar en mula, en su primer viaje, pero los de la Gestión Social de la Hidroeléctrica me dijeron que había la posibilidad de llegar en lancha, que sería escasamente una hora. Me maravillé! Busqué por todas partes un contacto, un teléfono, una seña, hasta que por fin pude conseguir el celular del dueño de una lancha , me enteré que habían varias. Después de muchos intentos tuve la suerte una noche  que alguien con celo me contestara, se llamaba don Carlos, me dijo que estuviera en el puente pescadero a eso de las 11 de la mañana, que preguntara por Julio, el lanchero, que no valía nada el pasaje, que si quería le daba algo a Julio y a su ayudante.
 Dos días después estábamos Iván y yo en el lugar indicado, pero no vimos muelle, ni lanchas, ni nada. Me preocupé, no entendí, me dije, pero al rato apareció en el sentido del cauce del gran Cauca, una lancha, se bajaron contra las piedras todos sus pasajeros, cuando íbamos a comenzar a descender por un caminito, vimos que el ayudante caminaba hacia nosotros, le pregunté por Julio y me dijo que sí, que ellos eran, que él era José, que lo esperáramos ahí un momentico.

Al rato llegó con chalecos salvavidas para Iván y yo, nos ayudó a acomodar el equipo y los morrales, llegaron otras personas y se subieron pero los únicos con protección éramos Iván y yo. Observé  unas canecas y pensé que fueran para realizar contrapeso, pero las descargaron en la primera máquina que avisté, era realmente una mina, y estas lanchas lo que hacían era proveer de gasolina las máquinas, y de forma amable transportaban a la comunidad que vivía en las zonas aledañas, entre ellas los de Orobajo.
 El recorrido de una hora me pareció excepcional, la lancha, una panga le decían ellos, iba contracorriente, entonces se desplazaba despacio y como amarradita, por las orillas, me tranquilicé, no entiendo por qué , cuando me enteré que el lanchero era del Bagre, asumí como cierta destreza por el hecho de ser de este Municipio. Cuando arribamos a Orobajo, la gente nos saludó amablemente, pero se sorprendieron al enterarse que habíamos llegado en la lancha. Luego nos enteramos que la semana anterior se habían ahogado tres personas en una de éstas, pues eran varias las que realizaban estos recorridos.
 Todos los orobajeños se me antojaron muy bellos, de pómulos salientes, nariz aguileña, tez dorada, por cuenta del sol, y ojos claros en la mayoría de las mujeres, de cabellos abundantes además y cuerpos con caderas propias de modelos de revista, al día siguiente cuando  las vi  barequear dobladas con la mayor parte de sus piernas en el río y su cadera muy  levantada, evitando el agua, entendí el porqué de esta singular forma sin necesidad de gimnasio.
 Todo el poblado deberá abandonar este sitio que a mediados del Siglo pasado fue floreciente, las obras de la hidroeléctrica así lo requieren, es decir Orobajo quedará bajo el agua.

Orobajo era camino de paso entre Ituango, Sabanalarga y Peque, entonces había proveeduría, inspección de policía, farmacia, parroquia, cementerio, puesto de salud, bar, en fin. Había casi de todo lo que requiere una comunidad para vivir con ciertas comodidades. Sus caminos de herradura confluían y partían de allí. Pero vuelve y juega la historia de guerra, llegaron un día los paramilitares, por allá por la Década del 90 y asesinaron a 9 personas integrantes de la comunidad, entre ellas Don Virgilio Sucerquia Chancí, un líder comunitario, un periódico de la ciudad de Medellín tituló su muerte como la del último cacique Nutabe de la Región.
 Los que quedaron se desplazaron y unos años después volvieron, al momento de realizar nuestro trabajo había unas 40 familias. Hablamos con ellos, nos contaron de sus expectativas con el traslado conjunto, de sus miedos, certezas e incertidumbres, de sus costumbres, de la educación de sus hijos y de lo mucho que les gustaba Barequear.
 Los grabamos en su oficio y nos contaron como éste pasaba de generación en generación. En Orobajo se Barequea entre las 6 y las 10 de la mañana, y asiste toda la familia, si los más chicos no tienen escuela. La Escuela hasta quinto de primaria funciona normal de lunes a viernes, el bachillerato se hace de forma semipresencial, un docente de Sabanalarga asiste cada 15 días y deja trabajo para dos semanas.


Había quedado con Julio, el lanchero, que al día siguiente nos recogía a eso de las 3 de la tarde, me dijo que no más tarde, porque de lo contrario no podía bajarnos. A las 2 y 30 p.m. en punto estuvimos en el sitio donde nos había descargado el día anterior. Julio tardó media hora más en aparecer, nos subimos con entusiasmo a la lancha convencidos, Iván y yo, que el viaje sería tan placentero como a la ida, pero nos esperaban grandes sorpresas. Para empezar íbamos solos, entonces nos advirtieron que por nada del mundo nos soltáramos de una cadena que llevamos en frente de nuestro asiento, una tabla improvisada, y ajustada de manera forzosa entre ambos bordes de la panga, es decir sin clavos, sin remaches, sin nada de esas cosas.
 La panga estaba más llena de canecas que las que había visto el día anterior, nos volvieron a advertir que no soltáramos las cadenas y amarraron con mayor juicio el equipaje. Comenzó el recorrido y ya no fue por las orillas, sino por los rápidos, entonces nosotros comenzamos a padecer los embates del recorrido.
 La panga saltaba aproximadamente un metro por encima del agua y nosotros igual, con tan buena suerte que volvíamos a caer dentro de ella! Yo me agarré  con las dos manos y empecé con mi risa incontrolable que lo único que denota es un estado de nervios llevado al extremo. Iván intentaba grabar con una mano y con la cámara Go-pro ese aventuresco recorrido que no nos daba tiempo de reponernos, tan pronto caíamos volvíamos a levantarnos por los aires, a tal punto que el asiento también voló y nos cayó con violencia, en los pies, gracias a Dios no fue en la cabeza, Julio detuvo el recorrido y José corrió a acomodarnos el asiento, nos dijo de nuevo que nos sostuviéramos fuerte que faltaba lo peor, mi risa aumento y la expresión de Iván no podía ser otra: Ahh gran Hifueputa, la chanda!, dijo.
 Y literalmente fue la chanda, el término no lo entendí bien, para mí una chanda es un perro de raza desconocida y dudosa procedencia, pero creo que él  se refería a que cosa tan verraca, la panga ahora se movía de derecha a izquierda y de arriba abajo, todo un Huracán, ese terrible aparato de las ciudades de hierro.
 Por fin vimos el puente nos miramos y al unísono exclamamos: El Puente!!!!, fueron tan solo 20 minutos, que se nos hicieron interminables, por ese recorrido entre aventura extrema y desafío a los nervios. Julio atracó, observé a Iván y ya no lo vi pálido sino completamente verde! Me bajé gateando, las piernas no me respondían y las rodillas menos. Como pude saqué de mi billetera cien mil pesos y se los entregué a José que se echó a reír, no sé si por nuestro aspecto o por la paga. Me senté un rato en una piedra a tratar de encontrar en la calma del cauce del Cauca un poco de tranquilidad para mi, pasaron unos momentos e Iván me sacó de la abstracción para decirme que si llamábamos el transporte.  Le dije que sí, que lo buscara en mi teléfono, aún tardé unos minutos más en despegarme de esa piedra en firme, mover mis piernas, cargar el morral y parte del equipo de tv y comenzar a subir la pendiente que nos llevaría a la vía donde esperaríamos el carro que nos traería a Medellín.


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