JIQUERONES

 Alejandría, Antioquia

 



Para quienes no son paisas, el término Jíquera, resulta algo desconocido, su significado se encuentra, para mi sorpresa, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como “bolsa de tela o fibra vegetal”. Y sí, eso es una jíquera, un bolsito cuya materia prima es el fique, o lo que más comúnmente conocemos como cabuya.



En la ruralidad colombiana, donde los campesinos están obligados a ser muy, pero muy creativos, se realizan en fique  los bultos para cargar y transportar el café u otros productos y se tejen las jíqueras, del mismo material, pero más pequeñas, para ir al mercado y traer los víveres a casa, cargar el desayuno o el almuerzo para las jornadas agrícolas o para que los niños y niñas lleven sus útiles a la escuela.

 

Extrañamente, en mi región también, a una persona cuando es medio atontada, se le dice jiquerón. Término que me genera algo de risa, lo que no alcanzo a comprender es por qué a una persona no muy inteligente se le compara con las jíqueras, en especial porque estas últimas son bastante útiles y los medio atontados se destacan precisamente por no serlo.

Después de realizar una amplia encuesta tratando de aclarar mi inquietud, nadie supo encontrar la relación. En todo caso la próxima vez que le llamen jiquerón o jiquerona, preocúpese.

En los últimos tiempos las jíqueras han ido evolucionando, algunas incluso se colorean de forma llamativa y se convierten en mochilas, especialmente usadas por quienes gustan de parecer hippies.

 

Resulta que, Rodando Caminos, me encontré en Alejandría, oriente antioqueño, a Orlando Marín, un papero, es decir cultivador y comercializador de papas, que además teje Jíqueras de diferentes tamaños, dice que aprendió el oficio desde los 6 años y que cuando no le da pereza hace dos al día. Las exhibe de formas variadas, colgadas en una vara de caña.

Uno lo encuentra ahí, en una pequeña bodega cerca al parque principal, sentado en un banquito en la puerta de su negocio de papas, y trabando cinco agujas que se parecen un poco a esas largas y grises que usan las tías para tejer crochet.


Don Orlando saluda amable, pero sin apartar los ojos de su labor. Y nos cuenta de su oficio de tejedor de Jíqueras, se sabe único en su municipio en este arte y se ríe cuando se le pregunta por qué lo hace, afirma que no quiere que esa costumbre, que se convierte en patrimonio cultural de su  municipio, desaparezca, que ahora consigue el fique, materia prima,  en cualquier ferretería , pero que en principio, cuando era un niño, se ocupaba de todo el proceso : cultivar el fique, que es como una penca, arrancarlo cuando estaba a punto, lavarlo, secarlo, extraer el hilo, trenzarlo y posteriormente convertirlo en jíqueras

 

Ese profundo saber ancestral de don Orlando, el mismo del que él no es consciente, nos conecta con nuestro pasado, con nuestras raíces, nos habla de nuestra creatividad inicial, de esa innata capacidad innovadora. Armando Aroca, investigador en asuntos Etnomatemáticos nos pone los pies en la tierra y dice: “la práctica de tejer en las comunidades indígenas, se remonta a mucho antes de la llegada de los españoles, en consecuencia, hay certeza de que dichos saberes y prácticas, se desarrollaron por fuera de la influencia de las matemáticas occidentales” Y sí, para tejer se requiere de las matemáticas.

  

El conocimiento profundo de Don Orlando, de lo que significa transformar un producto vegetal en un objeto de gran utilidad es incomparable, incomparable con el arrogante e ignorante pensamiento de algunos que, desconociendo lo que encierra este proceso ancestral, suponen que usar el teléfono móvil en el 20% de sus posibilidades, trabajar en un programa de sistemas o abusar de las redes sociales, los pone por encima del sencillo y humilde oficio de tejer jíqueras. Sí que hay por ahí algun@s jiqueron@s

 

Comentarios

  1. Suuper chevere, muy educativa, cotidiana, y bella crónica, como para mantener viví ese arte tan bonito.

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  2. Cómo siempre tus crónicas tan interesantes e instructivas !!

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  3. Un jiqueron es el que las tiene tan largas que se las pisa y pregunta de quien son jajaja. Un boludo dirian los argentinos.

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  4. La jíqueras en el campo donde me crié tenían el status de un morral North Face o Nomad o cualquier marca de moda. La usábamos para llevar la aguapanela y el fiambre, o unos pares de panela para un vecino necesitado, pero también me tocó ver sacar un revólver de una jíquera.
    Muy útiles!
    El término jiquerón es bastante ofensivo para un campesino. Es la versión campesina de Gü**ón. Que por esos lados no solo tiene una connotación de tonto, sino también muy cercana a la de un cornudo.
    No hace mucho tiempo, que presencié en un pueblo del Nus, como un tendero salía de detrás del mostrador a pasarle la "vacuna" a un paisano con una jiquera terciada al hombro. En su interior llevaba una Uzzi.

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    1. Maravillosos recuerdos te traen las Jiqueras! Gracias por el tiempo y las anécdotas!

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  5. Gracias Sandra por traernos estas deliciosas y edificantes crónicas. Con las sobrevaloradas jíqueras o mochilas de los Wayuus en los centros comerciales se estafan a los indígenas que las elaboran. Prometo ir hasta Alejandría a comprarle a don Orlando su preciado arte por el doble de lo que me pida.

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    1. Espero que así sea. Y espero que vayas en Bici y te des un chapuzón en una de sus tantas y hermosas fuentes de agua

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  6. Cómo siempre! Sandra nos hace volar la imaginación y construir los escenarios que magistralmente describe en sus crónicas. Tiene la virtud de hacernos sentir lo que sienten sus personajes, de vivir sus sueños, alegrías y tristezas. Divertida la crónica y la connotación que tiene la palabra jícara. La mochila tiene una forma que remite a esa bolsa dónde cuelgan nuestras gónadas jajaha Creo que de allí deriva la palabra para señalar de jiquerones a los les cuelgan y se las pisan!! Sandra es una privilegiada de la pluma, fácilmente nos lleva desde la indignación a la diversión. Sus crónicas me las hizo todas, así como también me detengo cuando se trata de remover consciencia social al retratar aquel país donde el olvido y el abandono del Estado fomenta la violencia. Gracias Sandra por sus crónicas! Saludos

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    1. Muchas gracias. Es muy generoso y amable esta apreciación. Celebro que también haya resultado divertida. El entretenimiento literario es un gran objetivo para mi. Graciaa por tu tiempo

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  7. Es agradable leer tus historias que en esta época muchos desconocen por estar sumergidos en otro mundo más irreal. Gracias por compartir tus vivencias

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    1. Ayy mil gracias por esa reflexión. Y , en especial, por tomarte el tiempo de leerla

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  8. Excelente relato y bastante interesante apreciar la labor tan especial y pintoresca del señor Marín.

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