¡SABROSURA!
San
Andrés de Cuerquia, Antioquia, marzo de 2022
Me encanta cocinar, me parece que es como una especie de terapia, veo mi diminuta cocina como un lugar donde se abren espacio la química, la física, el cálculo diferencial y, por supuesto, la estética, pero….pero ¡Todo me sale horrible! Pobrecitos mis comensales, los fríjoles me quedan excesivamente espesos, las empanadas se me desbaratan y el arroz, literalmente, es un mazacote, mis conocimientos académicos aplicados a la culinaria dan como resultado un desastre, mejor dicho como cocinera, soy muy buena periodista.
Por eso admiro con el corazón, el alma y mis emociones a quienes se dedican al difícil, entretenido y hermoso arte de la gastronomía, pues los considero magos y magas capaces, no sólo de quitarnos y calmarnos el hambre, si no de provocar en todos nosotros otras sensaciones : bienestar, plenitud, salud y tranquilidad.
Por nuestro trabajo es paso obligado, por estos días, el municipio de San Andrés de Cuerquia, en el norte de Antioquia y allí encontramos a “ mi nana”, realmente se llama Adriana, quien en su restaurante de comida caserita “ Mi casa” prepara deliciosos desayunos, almuerzos, algos, medias mañanas y cenas, su sazón es exquisita, pero lo mejor es que nos lleva los caprichitos a cada uno, en especial a mi, que soy bastante cansoncita, por eso, por consentirnos culinariamente, es que uno se siente realmente en casa.
Como siempre estamos de afán,
suelo llamarla unos veinte minutos antes de llegar, y le hago el pedido, aunque
ella ya se lo sabe de memoria: huevos con jamón para Iván, mi camarógrafo, huevos
con salchichas para el conductor y Didier, mi fotógrafo, salchichas solas con
arepa bien tostada, para Catalina, mi editora y huevos solos sin aliños y sin
nada para mí. Al llegar la mesa está lista, el chocolate humea y los pancitos calentaditos en el horno y untados con
queso crema, son las entradas que nos reconfortan y nos regresan a la
vida después de un madrugón a las 3 de la mañana y casi 4 horas de viaje.
Yo creo que la gran cualidad de
Adriana es su amabilidad y el amor, condimento mágico que le pone a lo que
prepara, porque luego de salir de su restaurante todos nos sentimos bien
distintos, como livianos, nuestro ánimo mejora y el buen humor vuelve a estar de nuestro lado. Adriana es como
Julieta, la madre de Mirabel en la película Encanto, que tiene el don de curar
a través de la comida.
Siempre he sido bastante remilgada en ese asunto de alimentarme, la comida de mar no me gusta, y muy más o menos el sancocho o el sudao, hace unos años dejé de comer carne de res, y esto Adriana lo grabó en su memoria, así que si pasamos a la hora del almuerzo me prepara pollo con abundante ensalada y tajaditas de maduro, papitas para Iván y buena cantidad de sopa para Catalina, que suele enojarse conmigo, a su manera, es decir quedándose más callada de la cuenta, si por los compromisos laborales, decido que no podemos comer donde Adriana.
La última vez le puse un mensaje diciéndole que pasaríamos por San Andrés hacia las 5 de la tarde, que nos tuviera un alguito, entonces nos recibió con panqueques rellenos de queso, bañados en salsa de panela con bananitos calados, eso fue ¡Emocionante! No repetimos porque sabíamos que, de hacerlo, habríamos terminado hospitalizados.
Adriana, mi nana, extiende sus saberes en su comunidad, da clases a quienes se lo solicitan y tiene un grupo de la tercera edad, con ellas hace una divertida clase, en especial, me dice, gozan preparando pollo y muchacho relleno.
Siempre que a mi memoria viene San Andrés de Cuerquia, me invade un alivio en el alma y un saborcito a hogar me inunda el corazón al pensar en la última sopita, la ensalada de fresas con lechuga adobada con crema de leche, el pollo ahogado en verduras de colores llamativos, las papitas crocantes y los maduritos en su punto. Y ni qué decir de la despedida: un exquisito tinto acompañado de un abrazo.
La comida enamora, reconforta,
conecta, alivia ¡No hay duda! Adriana ha cambiado su restaurante unas 4 veces
en su localidad, y nosotros siempre nos encargamos de buscarla, de perseguirla, así que, si
pasa por San Andrés de Cuerquia, no se pierda las delicias de esta ilustre chef
cuerquiana.
Sin duda alguna, leo tú crónica , y mi mente viaja a San Andrés de Cuerquia, a saborear de esos platos caseros que nos recuerdan la comida de la abuela, de la mamá 🤤.
ResponderEliminarCierto? Generalmente con la comida , llegan los recuerdos, los buenos recuerdos de casa, de cariño , de compartir. Gracias por tu tiempo!
EliminarComer es de los placeres de la vida porque alimenta el cuerpo y el alma. A mi me encanta casi todo cuando está hecho con amor. Me gusta bien presentada, limpia y con toques mágicos como los de mi tia Nena que como tu Nana agrega polvos magicos de amor a lo que hace y todo sabe rico
ResponderEliminarYo quisiera conocer a tu tía Nena, debe ser una mujer encantadora!! Mil gracias por tu comentario y por tu tiempo.
EliminarQue maravilla mami, como logras que hasta el tema más simple te transporte, antoje y ponga a sonreír recordando aquellos platos que desde de un pargo al ajillo de restaurante, una sopa de ahuyama de la abuela, hojuelas de doña Diosa, los frijoles del tío kiko, la lasagna de Valen o tu sanduche envuelto nos llevan a nuestros momentos felices y nos demuestran cuanto nos aman aquellos seres queridos.
ResponderEliminarHermoso mi amor, que bueno que tengas en la memoria esos sabores ligados a las personas que amas. Un abracito y gracias por tu tiempo y tu comentario
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQué maravilla que exista gente que sepa combinar, las palabras, los colores o los sabores. El arte de cocinar, ese que sabe llegar por el olfato y conquistar con el sabor y la presentación, sin dejar de lado la variedad y desde luego la nutrición, tiene algo de performance, cada vez es única y quizás irrepetible. La misma receta y los mismos ingredientes y hasta en la misma cocina, no son grarantía del mismo sabor, textura o aroma. Son las manos mágicas del artista las que hacen de elementos comunes a todos una obra extraordinaria destinada a pocos.
ResponderEliminarSiiii, la comida es arte, es ciencia y , por supuesto, es una mágica alquimia de sabores, saberes y amor. Gracias por tu comentario, por leerme y por dedicarme tiempo.
EliminarUna buena excusa para visitar San Andrés de Cuerquia, tengo que empezar por buscar en el mapa a ver dónde queda !!! Me gusto tú relato y por sobre todo las deliciosas comidas de Adriana, en especial los panqueques, deberíamos ir a tomar el algo!!!
ResponderEliminarClaro que síii, sería una excusa turística perfecta. Un abrazo y gracias por tu tiempo y por tu comentario.
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