¿ Momento de la izquierda en Colombia?

 


La respuesta podría ser sí, pero antes es importante tener presente unas sencillas, pero reveladoras consideraciones.

Nuestra Nación, rica en recursos naturales, con dos mares a su servicio, toda clase de pisos térmicos, fuentes hídricas regadas por todo el territorio y un mestizaje diverso y variopinto, el mayor y mejor patrimonio, tiene unas cifras de pobreza, inequidad e injusticia que no se explican, precisamente, desde esta perspectiva de un territorio con tantas posibilidades de desarrollo.

Colombia ostenta, en América Latina, dos grandes contradicciones: La Democracia más estable y la violencia más compleja desde que inició su historia como Estado independiente el 7 de agosto de 1819. En opinión de expertos, precisamente lo que ha generado tanta y tanta violencia ha sido sostener esa Democracia, a cualquier precio, y por parte de los partidos políticos tradicionales

Este país no ha tenido un solo año en paz, se han dado todo tipo de iniciativas en este sentido, pero hasta el momento nada se ha logrado. Los invito a viajar en el tiempo, unas cuantas décadas, para conocer una de ellas:

“En 1956 un abrazo entre Laureano Gómez, el jefe del Partido Conservador, y Alberto Lleras, el jefe del Partido Liberal, marcó el comienzo del fin del periodo que se llamó la Violencia (sangriento enfrentamiento, especialmente en la ruralidad, entre militantes de esos dos partidos y que se había iniciado en la década del 40). El pacto del Frente Nacional, que alternaba en el poder a los dos contendientes, dio inicio a una breve primavera de paz, a los mejores años del siglo XX en Colombia”. William Ospina, El Espectador, septiembre 13 de 2020

Ese momento esperanzador y lleno de entusiasmo, se fue opacando, la paz no se dio, ni la reconciliación nacional, ni mejores oportunidades, empleo a calidad de vida para los colombianos. Lo único que se dio fue una alternancia en el poder entre los dos partidos hegemónicos hasta el momento, El Liberal y El Conservador, todo siguió igual, incluso peor. William Ospina, escritor, filósofo y gran estudioso de nuestra realidad, lo explica en la misma columna que menciono, un poco más adelante:

“Ahora nos preguntamos por qué esa paz no se consolidó. Tal vez una de las causas haya sido que no hubo un ejercicio que permitiera aclarar las injurias y los crímenes que la población campesina había padecido. Fue una paz sin memoria, sin verdad, sin reparación y sin justicia. Mucha gente siguió sin saber qué fue de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos, quiénes fueron no solo los ejecutores sino los financiadores de ese horror y los que se beneficiaron del gigantesco despojo”.

Puede que ese eslabón que se perdió en el pasado, hoy se tenga en cuenta:

El martes 26 de abril, de este 2022,  en una de las audiencias de la Jurisdicción Especial para la Paz-JEP, entidad vigente desde el 2007 y que tiene por finalidad investigar y juzgar a los integrantes de las FARC, luego del acuerdo logrado entre el Gobierno Nacional y este grupo en 2016, miembros del Ejército Nacional contaron los pormenores de lo que ha sido el peor desafuero, descaro, horror en la historia de esa institución, lo que todos conocemos como Falsos positivos:  más de 6 mil personas inocentes, asesinadas y hechas pasar por guerrilleros en combate. Tristemente estas confesiones pasaron casi inadvertidas en la escena nacional por cuenta de unas campañas a la presidencia, que sólo por lo burdas y sucias, no por sus propuestas,  están acaparando la atención de los colombianos.

Los falsos positivos, verdad dolorosa, desgarradora e indignante, que a todos nos llena de vergüenza, se une a los demás problemas que se han generado en el país, sólo mencionaré algunos:

En 2021, según Medicina Legal   3488 personas desaparecieron en Colombia y cifras similares anuales se vienen registrando desde mediados del Siglo pasado. Es decir no sólo hay muertos por cuenta del conflicto interno ( Entre la Institucionalidad  representada por el Ejército Nacional y los grupos de guerrillas ) , hay, también,  desaparecidos, líderes sociales y ambientales asesinados (  145 en 2021, según la Defensoría del Pueblo  ), desplazados (  Cuatro Millones Novecientas mil personas para 2020, dato del Observatorio Global de Desplazamiento Interno)   y una pobreza monetaria que según el DANE (Departamento Nacional de Estadísticas ) el año pasado se situó en el 39.3% y una pobreza monetaria extrema del 12.1%,  es decir 24  millones 900 mil colombianos,  deben vivir con menos de  Trescientos Cincuenta y cuatro mil pesos mensuales  ( $ 354.000)  unos 90 dólares aproximadamente. En otras palabras, más de la mitad de los colombianos son pobres, no tienen sus necesidades básicas satisfechas y pasan hambre.

Y hay, en medio de todo esto, otros flagelos: el narcotráfico y el paramilitarismo, que nace, éste último, en respuesta al accionar de las guerrillas y que hoy ha degenerado en bandas criminales regadas por todo el territorio nacional controlando rutas de cultivos ilegales, extorsionando, secuestrando y generando más de lo mismo: todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos.

Del total de la población colombiana, 48 millones, sólo un poco más de 4 millones cuentan con estudios superiores y si hablamos de conectividad :  de 14 millones de hogares que hay en el territorio,  sólo el 56% tienen acceso a Internet, según reporta el DANE. En este punto es importante mencionar el hecho de corrupción, otro recurrente problema colombiano, más sonado en los últimos tiempos: el robo de 70 mil millones de pesos (Unos 180 millones dólares) por parte de la empresa Centros Poblados, que, mediante un contrato que nunca ejecutó, se pretendía llevar conectividad a la ruralidad del país.

Carlos Felipe Córdoba, Contralor General de la Nación, denunció que en el 2020 la corrupción lo costó al país 50 billones de pesos (120 millones de dólares aproximadamente). Según sus propias palabras, con lo que se hubieran construido 4 líneas del metro de Bogotá. 

Estas cifras inquietantes, corruptas, raquíticas, desesperanzadoras y que inciden directamente en injusticia, inequidad y ausencia de bienestar, son el resultado que nos deja una pésima gestión gubernamental por parte de la Derecha en Colombia, que ha ejercido el poder de manera alterna, pues si pierde con uno, gana con el otro, bajo la representación de los partidos tradicionales Liberal y Conservador y en las últimas décadas por el Centro Democrático, una especie de derivación de los dos primeros. En Colombia nunca ha habido un Presidente de Izquierda.

A este panorama complejo y enmarañado llega una crisis adicional, la inmigración de venezolanos, que paradójicamente llegan a Colombia en busca de un mejor bienestar, expulsados, de alguna manera, por la crítica situación de su país. Para 2021, según la ONU, habían más de 6 millones en el territorio nacional y, de mantenerse la tendencia, el ingreso diario de unos 13 mil, para finales de 2022 serían 7 millones, atender sus necesidades básicas le cuesta a Colombia más de 6 mil millones de pesos.

Esta situación ha recrudecido las cifras de empleo, generado situaciones de inseguridad y se ha requerido ampliar la capacidad de cobertura de las infraestructuras de salud y educación básica.

Colombia, además, no ofrece oportunidades interesantes a los profesionales que con esfuerzo y dedicación se preparan, padece precisamente de investigaciones rigorosas en todas las áreas del conocimiento, porque es bien sabido por todos que, es la investigación, la actividad que marca la diferencia entre una Nación desarrollada y una que no lo es. La fuga de cerebros, como se ha llamado históricamente a esas mentes brillantes que deben buscar refugio en latitudes donde sí se les valore, también ha impactado, de forma negativa, los avances científicos del país.

Sin duda, es el momento en que debemos apostarle a un cambio ¡Se hace inminente! Y es muy posible que los ideales doctrinales de la izquierda sean lo que el país requiera hoy : Una reforma agraria que democratice el acceso a la tierra, realizando, en principio, una actualización catastral,  sistemas educativo y de salud que privilegien el acceso a la población más vulnerable, un adecuado programa  de regalías que se reinvierta de manera equitativa para suplir las necesidades de todas la comunidades: agua potable, vías, conectividad,  y una verdadera política de empleo que incluya, en especial, a los jóvenes, que hoy no encuentran motivación, pues sus esfuerzos en educación y preparación no garantizan su acceso a un empleo digno, que les permita continuar cumpliendo sus metas.

Hemos esperado mucho por ese país que nos merecemos y que William Ospina define tan bien en su reciente publicación De la Habana a la paz: “  El país admirable que nos espera no nacerá sin nuestro esfuerzo, no dialogará con el planeta sin nuestro concurso, solo verá la luz por nuestros ojos. Somos ese país, y cada idea nuestra lo hará más lúcido, y cada alianza nuestra lo hará más solidario, y cada acción compartida lo hará más cercano y más posible”



Ese país, este país, nuestra Colombia, no se construye con el esfuerzo de una sola persona, requiere el compromiso, participación y empeño decidido de todos.

Comentarios

  1. Recuerdo tanto nuestras charlas fuera en el desayuno, el almuerzo o la comida, en las cuales expresamos todas esas falencias que tenemos como país y ver tanto de eso reflejado acá me llena de satisfacción, admiro tu trabajo y te admiro como profesional y como persona!
    Como siempre un placer leerte!

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    1. Muchas gracias Andrés por tu tiempo y tus opiniones. Te extrañamos mucho. Un abrazo!

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  2. excelente análisis mami, eres una tesa!

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