MOMPOX, Isla de Dios

 





Me encanta la historia, y todo lo que dé cuenta de ella: museos, libros, casas antiguas en estilos coloniales, calles empedradas, películas y novelas de época, en fin…Mompox estaba en mi radar, pero por aquellas cosas del destino, son destinos que uno va aplazando, mala cosa.

Hace unos meses mi padre recordó con nostalgia un paseo que nos regaló a la costa cuando éramos unos adolescentes, quería que conociéramos el mar y diferentes medios de transporte. Así que partimos un junio, por allá a mediados de los 80, en tren para Santa Marta, salimos desde la Terminal Norte de Medellín, un martes a las 11 de la mañana y llegamos a la ciudad samaria ¡El día siguiente a la 1 de la tarde!

Luego nos desplazamos a Barranquilla, en bus, y de allí a Cartagena, donde montamos en barco por la bahía y recorrimos, con mucho gusto de mi parte, la ciudad amurallada, el castillo San Felipe y el San Fernando en Bocachica. Nos regresamos para Medellín en avión, también era la primera experiencia de mis hermanos y yo en esos aparatos voladores. Mi padre se lamentó de no haber podido nunca más darnos un paseo similar.

Así que me propuse ponerme al día con los pendientes y seleccioné Mompox como nuestro destino, en parte por mi gusto por esa ciudad, y en parte por una amplia recomendación de mi jefe. Decidí, también, que iríamos sólo la familia raíz, por decirlo así, mis padres, mis hermanos y yo, sin parejas, ni hijos, y para mi alegría aceptaron, el viaje lo anunciamos en el cumpleaños de mi mamá, fue como un regalo para ella.

 

Salimos un jueves del Olaya Herrera de Medellín y una hora después estábamos es la encantadora Mompox, con un clima exuberante, cálido, abrazador más que abrasador, porque yo prefiero el clima calientico, y entre una gente tan especial y linda como la ciudad que habitan.

 


Mompós o Mompox, es correcto escribirla de las dos maneras, yo la prefiero con x, tiene algunas controversias  con respecto a su fundación, así que me quedo y les transmito el dato que nuestro guía Manuel, formado en el Sena para esta tarea, nos dio: Se fundó el 3 de mayo de 1537 por Alonso de Heredia, de allí que su nombre completo sea precisamente Santa Cruz de Mompox.

 

Por muchos años a Mompox, ubicada en el departamento de Bolívar,  sólo se podía llegar por el Magdalena, pues es una isla fluvial,  fuera en barco o con el carro sobre un planchón. Desde el 30 de marzo de 2020 se  puso en operación el puente de La Reconciliación, que unió  los  departamentos de Sucre y Cesar  y que de pasó permite llegar hasta la cabecera del, desde 2017,  distrito especial, turístico, histórico y cultural Santa Cruz de Mompox, declarado también  por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1995.

 

Mompox hace honor a su categoría de distrito especial, su centro histórico se conserva de forma muy aceptable y su trayectoria, tradiciones, gastronomía, arte de la filigrana, cultura y en especial ese atractivo que tiene al estar ubicada a orillas del Magdalena, le hacen un destino sencillamente envidiable, encantador, enamorador. Mompox encierra en sus calles un tesoro cultural único en Colombia

 



Les recomiendo tres recorridos: el primero por el río Magdalena, en planchón, un guía les contará  el papel de este afluente en nuestra historia política, social y hasta cultural.  Mompox fue  bodega de diferentes mercancías e incluso de tráfico de productos que hace unos 500 años eran ilegales, les hablará de las familias con títulos nobiliarios que se establecieron allí y de las veces que Simón Bolívar la usó como cuartel general. Cayendo la tarde se regresa uno al muelle de San Francisco y puede observar como el sol, literalmente, se sumerge  en el Magdalena, envolviendo la atmósfera en un color naranja que todo lo torna mágico.

 


El segundo recorrido es por las calles, las paredes, las fachadas y los interiores de la bella y exquisita arquitectura Momposina, que incluye el cementerio y sus siete templos. En este paseo mi espíritu se despegó de mi cuerpo actual, pude oler, respirar, disfrutar , degustar la Mompox de los años 1800, llena de esclavos trabajando para sus amos, un puerto  hirviendo por el comercio de productos agrícolas y por  el tráfico del ron y el tabaco, prohibidos para la época. Una ciudad  debatiéndose entre los sueños de libertad de un caraqueño, que disfrutaba bastante sus estadías en ese puerto, y su apego a las tradiciones,  rancio abolengo y diferencia de clases, que se hizo evidente incluso en el cementerio.

 

Ese lugar, el cementerio, situado paradójicamente en todo el centro de la ciudad,  tiene una clara división, que aún hoy se conserva: delante de la capilla y atrás de ésta. De la capilla hacia adelante se enterraban a los nobles, y a los ricos que alcanzaban poder con el comercio del oro y de algunas otras mercancías, en esta parte hay mausoleos con hermosas esculturas y decorados. En la parte de atrás de la capilla se enterraba al pueblo, a los esclavos y pobres, en tumbas a las que a duras penas se les ponía el nombre. Los Momposinos estaban firmemente convencidos que el cielo se podía comprar.

 



De este recorrido destaco todo el malecón, hermosamente restaurado y los muelles muy bien organizados. Los negocios que se han ubicado a orillas del Magdalena como restaurantes y bares hacen una experiencia única el degustar una limonada cerezada , una cerveza o un plato, pues nada mejor que hacerlo observando la serenidad del  río más importante de Colombia y  escuchando música en vivo, desde son cubano hasta pop.


Tengan presente recorrer la plazoleta y el muelle de San Francisco, la Iglesia de San Juan de Dios, La Inmaculada Concepción, el Convento de San Francisco, el Museo de arte religioso, la Casa de los Portales de la Marquesa, los múltiples talleres de Filigrana y lo que ellos consideran su mayor tesoro y atractivo turístico:  la plaza e iglesia de Santa Bárbara, de hecho es el emblema de la ciudad, que encierra una hermosa historia con elementos reales y mágicos y que dio pie incluso a ser inmortalizada en una popular y sonora  canción que todos recordamos como …que viva changó, que viva changó…Santa Bárbara Bendita… en la que confluyen elementos de las cultura afro y árabe y creencias católicas.

 

El tercer paseo es por la ciénaga de Pijiño, un natural recorrido por un amplio espejo de agua , que se nutre del Magdalena y que en su interior guarda otra riqueza aún más incalculable,  una biodiversidad compuesta de manglares, buchón de agua, pateyuyos (cuervos) , monos voladores, garzas, babillas, peces de diferentes especies e infinitos canales  que nos reconcilian con la vida, con la esperanza de ser para el mundo el pulmón verde que palpita con fuerza al interior de Mompox y que nos grita que la vida, desde la biodiversidad, sí es posible.

 



Poco he hablado del arte de la Filigrana, que es por lo que más se reconoce Mompox, pero ahí también tengo cosas para contarles , primero es que mi ignorancia me hizo pensar que si habían desarrollado este oficio era porque habían minas o se extraía oro de forma artesanal de algún afluente cercano, y la verdad ni lo uno ni lo otro, el oro se llevaba y se lleva desde Zaragoza, Antioquia, o desde Bogotá, ellos, en una decisión sin precedentes,  quisieron ser orfebres y especializarse en este arte, para el que  debían contar con un permiso de la Corona Española, desde entonces el oficio  se ha transmitido de generación en generación y se ha diversificado mucho, incluso trabajan más la plata que el oro.

 


Y lo segundo es que considero que el valor histórico, arquitectónico, religioso y ambiental Momposino es tan importante que  la Filigrana es un atractivo más, hermoso, laborioso y de destacado valor, pero no vayan a Mompox sólo a comprar anillos, cómprenlos, no los encontrarán tan hermosos en otro lugar, pero recorran y conozcan la ciudad, pues  creo que TODO colombiano tiene la obligación de visitar este mágico y encantador lugar, para entender más nuestra historia, para saber qué debemos dejar atrás y para comprender cuánto hay allí que nos pertenece y nos vincula como Nación.

 

¿Y qué cómo me fue con mi familia? Pues muy , pero muy bien, mi  cariñoso y dulce papá encantado del clima y feliz viéndonos unidos, como cuando éramos niños y cargaban con nosotros para todas partes, mi inteligentísima madre fascinada con la historia y la geografía , sus temas favoritos, mi hermana descrestada con la arquitectura  y enamorada de  la amabilidad de la gente, porque ella heredó de mi padre su hermoso don de gentes, así que se hizo íntima amiga de Ligia,  la señora de enseguida del hotel que nos vendía tintos de su cocina, del marinillo del frente que madrugaba a hacer buñuelos, de Magaly a quien con abrazos y cinco mil pesos le pagaba unos deliciosos bolis de corozo y de Elkin, un pequeño acompañante que fue su guía personal por la Ciénaga de Pijiño,  a éste  además le recomendó leer y estudiar más y no jugar tanto con el celular.  Sólo menciono algunos de los personajes, de los tantos con los que trenzó inquebrantables lazos de amistad en escasos 4 días.



¿ Mi hermano? Estuvo  a media caña todo el tiempo ( para quienes no conocen ese término es un delicioso estado entre borracho y no, en el que uno se desinhibe un poco, se ríe y disfruta de más, pero aún no hace el ridículo) , pues siempre le vi con una cerveza en la mano y pues la verdad yo también ( yo también estuve a media caña ) , pero no con cerveza, si no con un exquisito vino de corozo, ahí si el néctar de los dioses ¡Que cosa tan deliciosa! Siempre tuve una botella a la mano y en la mano. Para quienes decidan hacerme caso y visitar Mompox les solicito traerme de regalo vino de corozo de Santa Cruz de Mompox.

 


Tuve más tiempo para hablar con mi hermana, quien me ayudó a recopilar datos para esta crónica y con mi hermano, que de forma insistente me invitó a un gimnasio, en el camino hablamos de cosas que teníamos pendientes como ¡Desde hacía 30 años!

Así que les recomiendo a todos el paseo familiar, pero a Mompox, desayunen en el café Mompox, serán atendidos por Cielo, hagan el recorrido histórico con Manuel, pueden hospedarse en el hotel La Choza, donde serán amablemente atendidos por don Roberto,  disfruten el paseo en planchón por el Magdalena y por favor visiten la ciénaga de Pijiño, se encontrarán con ustedes mismos, con la hermosa naturaleza que somos y a la que pertenecemos.



En Mompox, las personas con su natural espíritu hospitalario, amable y acogedor, construían sus  hermosas casas coloniales con  portón y contraportón para, entre uno y otro, permitir que esclavos, comerciantes de paso y turistas pasaran la noche, y así se fue acuñando este bello lema, que se me antoja más un poema:

 

“…Mompox isla de Dios, donde se acuesta uno y amanecen dos, si sopla el viento aparecen ciento, si vuelve a soplar, no se pueden contar…”

 

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