SOY UNA BORRACHA



Aclaro a mis notables y queridos lectores esto: Me encanta el ron, en jugo de limón puro, el vino Sansón y el de Corozo o cualquier cosa que sepa a vino.

Celebro pertenecer a esta época en la que podemos consumir licor en establecimientos, comprarlo en el mercado o estanquillo y no ser sancionados por ello. En 1923 en Colombia, se prohibieron las bebidas fermentadas y se entregó a los departamentos el control de la producción y distribución de licores debidamente destilados, en condiciones de salubridad y con los grados estrictamente ajustados. Ahí se acabó con un problema legendario y las nuevas industrias llegaron a fortalecer las finanzas de la Nación. 

No me imagino yo, si viví otra vida por aquellos años,  comprando, al escondido, licor destilado en cualquier alambique y, al día siguiente, tener que disimular el guayabo con ¡ Quién sabe qué rebuscada enfermedad! Eso debió ser una tortura para quienes, como yo, gustan, en las celebraciones, sentirse algo livianos, reírse más de la cuenta, hacer chistes que nadie entiende y ser regañado por la hermana mayor.

Pero, léase bien, no celebro, ni celebraré NUNCA que se promueva el consumo de licor, cigarrillo o drogas alucinógenas. Esta semana me sorprendió lo que un noticiero nacional destacó como noticia del fin de semana en  Medellín:  el alto consumo de aguardiente , atribuido a la muerte de Darío Gómez. ¿Eso es noticia? ¿Nada más importante pasó en Antioquia ese fin de semana? Lo triste del caso es que se citó, como fuente, a un representante del gremio comercial, quien con emoción testimoniaba el hecho como muy positivo para el sector, no hay duda de ello, ¿Pero eso no es promocionar y promover el consumo de licor? ¡Por supuesto que sí! Cada día me sorprenden más los criterios periodísticos de quienes dirigen medios de comunicación y grandes y reconocidos medios de comunicación.  

Cuando estamos a las puertas de un nuevo Gobierno, de la salida de otro que alardea con cifras, que ni él mismo se cree, la eficiencia de su gestión, cuando un grupo criminal ha adelantado un plan en contra de la vida de miembros de la fuerza pública, cuando nos genera indignación las confesiones de militares que asesinaron a más de 6 mil civiles, haciéndolos pasar por guerrilleros o delincuentes, cuando la pobreza campea y el hambre es el único  pan de cada día de la mitad de los colombianos, a un medio nacional se le ocurre decir que es noticia el alto consumo de aguardiente en Medellín. ¡Hágame el favor! No estoy pidiendo esconder el hecho, lamentable de por sí, lo que invito es a la coherencia informativa, a la lucidez, a dimensionar lo que nos sucede.

No vi ninguna expresión en contra del hecho anterior, no se mostró la otra cara de la moneda, tan importante en el equilibrio informativo. Todo lo contrario ocurre con la propuesta que viene abanderando el Pacto Histórico y que hoy lidera el Senador Gustavo Bolívar: La regulación de la producción y el consumo de cocaína, para que sea el Estado quien controle y reglamente este mercado. Y ahí sí salen las voces en contra, las vestiduras rasgadas, las manos levantadas el cielo, el jaloneo de cabello y se acude de inmediato a estigmatizar la iniciativa poniéndole el nombre de polémica.

Estoy de acuerdo con la regulación y legalización de la cocaína y de todas las drogas alucinógenas: No ha servido de nada combatir ese consumo, esa producción, esa distribución. Esa guerra, no ha dejado sino eso: guerra, muertos, pobreza, desplazamiento e incremento de los cultivos y del consumo: “Colombia continúa siendo el país con mayor presencia de cultivos de coca y el primer productor de cocaína en el mundo, según informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Para el año 2020 el área sembrada con coca alcanzó 143.000 hectáreas…” (Fuente : El País, 19 de enero de 2022 ).

El senador Gustavo Bolivar, afirma, y con mucha razón, que gran parte de nuestra violencia deriva de la guerra por el control de áreas sembradas y rutas de exportación de cocaína. De acuerdo con un estudio de Human Rights Watch, en 2021 unos 290 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Farc, fueron asesinados, se dieron 82 masacres cometidas por grupos armados ilegales, más  60 mil personas fueron desplazadas de manera forzada y entre 2016 y 2021 unos 500 defensores ambientales y de Derechos Humanos han sido asesinados.

Los golpes del Gobierno a las cabecillas de los grupos ilegales en poco o, mejor, en nada quebrantan estas organizaciones, pues aplica, al pie de la letra, la legendaria premisa: A Rey muerto, Rey puesto y la delincuencia continua.

Gustavo Bolívar tiene una esperanza, una gran y coherente esperanza, y es que en este propósito de legalizar y regular, desde el Estado, la producción y consumo de cocaína, se unan países que han padecido este flagelo en similares condiciones que Colombia: Ecuador, Brasil, Perú y Bolivia. Esperanza nada descabellada.

Pero hay un componente importante en la propuesta que defiende Bolívar, y es el educativo, educar en la prevención del consumo, desde la casa, desde la escuela y en todos los ámbitos. Afirma también que se mantendría la prohibición de consumo en sitios públicos y en lugares cercanos a instituciones educativas.

Yo creo en las campañas, según un estudio del DANE del año 2020, denominado Encuesta Nacional de Consumo de Sustancias, unos 16 millones de colombianos fuman cigarrillo, algo así como el 33% de la población,  no sé si hace  años la proporción, por número de habitaantes ,  era la misma o mayor, lo que si sé es que las campañas nos han hecho un poco más cultos en este sentido:  tres o cuatro década atrás la gente fumaba al interior del transporte público, en las salas de espera, incluso en las de hospitales y consultorios, en las cafeterías y restaurantes. ¡Me tocó docentes que fumaban mientras dictaban clase! Eso, por fortuna, cambió, y creo se lo debemos a las campañas. La prohibición no ha sido, para nada, un contenedor.

Me sigo considerando una borracha, no de esas que pierden la razón y terminan tiradas en cualquier parte, no. Soy de las que disfrutan de unos tragos, en medio de una conversación. Me encanta leer y hacerlo en mi hamaca, escuchando buena música y con una copita de vino a la mano, es un placer que declaro infinito para mí. Nunca he hecho nada a espaldas de mi hijo, así que él me ha conocido borrachita, y eso no le causa vergüenza, porque igual soy una señora que ha trabajado como loca para hacer de él, el joven que hoy me llena de orgullo, joven que también toma licor, pero que igual cumple con sus múltiples responsabilidades.

Entonces mi hijo y yo somos un par de borrachitos, que sacamos siempre un rato a la semana para conversar de nuestras cosas, él con una cerveza en la mano y yo con una copa de vino. No creo haberme equivocado al señalarle que, con mesura, del licor se puede disfrutar.

Creo que es hora de dejar atrás esa guerra absurda, que no ha conducido sino a generar más muertos, más pobreza, más inequidad y más violencia, pues mientras aquí se prohíbe en Estados Unidos y muchos países de Europa el consumo se permite. Lo   mejor es salvar vidas, generar empresas legales y empleos formales e invertir, todo ese dinero y todos esos esfuerzos, en educación y prevención, señalando las nefastas consecuencias del abuso de la cocaína, la marihuana, el alcohol, el cigarrillo y todo lo demás.

Hoy, la experiencia local e internacional, nos dice que es inminente un cambio de estrategia, pero sobre todo de mentalidad, que debemos dejar la mojigatería a un lado y apostarle a una industria que puede traer beneficios económicos indispensables para invertir en bienestar y educación para los colombianos. Avancemos ¡Ya es hora!

Finalmente dejo claro, también, que preferiría no ser borracha, que me gustaría que no me gustara el licor y que admiro profundamente a los abstemios, a los que son capaces de bailar y disfrutar toda una noche refrescándose con agua o soda y a los que nunca han fumado, ni consumido nada que les altere los sentidos. Me quito el sombrero y les hago una profunda y respetuosa venia.


Comentarios

  1. Estimada Sandra, me alegra leerla como siempre. Tan humana, tan cercana a la gente y tan directa en exponer las realidades nacionales. Este será un país mejor educado y se acabará el negocio de las drogas que ocasiona toda esa problemática que nos aflige. Soy abstemio y brindo con el pasante a tu salud!

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    1. Apreciado Oswaldo entonces a partir de ahora te admiraré aún más. Gracias por tu tiempo

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  2. Sandra, qué buena crónica!
    De acuerdo contigo: una buena copa de vino, en la hamaca, con un buen libro y ojalá el ruido de las olas en el aire, es lo más cercano al PARAÍSO!

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    1. Así es, hay placeres sencillos y por ello gloriosos! Agradezco tu tiempo y comentarios

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